El presidente Nayib Bukele cumplió ayer el primer año de su segundo mandato. Durante los últimos seis años, El Salvador ha vivido un proceso de transformación y se ha convertido en un referente para muchas naciones y en una demanda que otros pueblos exigen a sus gobernantes.
En su primer mandato, el presidente Bukele logró la desarticulación de las pandillas y, con ello, conquistar la paz. Una vez superada la inseguridad, el reto en este segundo mandato es el crecimiento económico.
Y en los últimos meses se ha visto el avance del país en la dirección correcta. Las grandes inversiones del Gobierno en infraestructura sientan las bases para el desarrollo económico del país. Son nuevas carreteras para traer mercaderías y llevar la producción nacional hacia los centros de exportación.
También se han construido en áreas estratégicas para que los turistas lleguen a las playas más atractivas y a los paisajes más asombrosos.
Los nuevos marcos legales han estimulado la atracción de diversas empresas que han invertido tanto por las facilidades del país en el tema de activos digitales y de negocios relacionados con la tecnología como por la certeza jurídica, la reducción de la burocracia y los incentivos fiscales.
El sector de la construcción ha mantenido el dinamismo desde que llegó el presidente Bukele, y es una de las áreas con mayor crecimiento en el país. El Salvador también ejecuta enormes inversiones para diversificar la matriz energética, incluso sienta las bases para desarrollar energía nuclear.
El apoyo de las micro y pequeñas empresas ha facilitado a centenares de ellas empezar operaciones y a otras ampliar sus actividades.
Desde ayer entró en vigor el aumento al salario mínimo, lo que convierte a la administración del presidente Bukele en la gestión gubernamental que más ha apoyado a los trabajadores salvadoreños. Como parte de la apuesta económica, ya están en marcha tres de las seis fases del plan quinquenal del Gobierno del presidente Bukele (Alimentación, Tecnología y Logística), que incluyen medidas para evitar el alza de los precios de la canasta básica, así como la histórica atracción de inversiones extranjeras en tecnología y logística.
Como prueba de lo bien que se hacen las cosas, el Fondo Monetario Internacional le ha dado un espaldarazo al presidente Bukele y ha aprobado un plan de $1,400 millones, que también es un gran impulso a la economía y al tejido productivo nacional.





