El presidente Nayib Bukele transformó el país que una vez fue considerado la capital mundial del crimen en una de las naciones más seguras del planeta. ¿Su secreto? Desde el primer día declaró la guerra a las pandillas y volcó al Estado en un solo esfuerzo para derrotar a esta expresión del crimen organizado.
Y lo hizo a pesar de que los aliados de las maras en la Asamblea Legislativa boicotearon la aprobación de fondos para equipar a las fuerzas de seguridad en su tarea de combatir el crimen. Por años, ARENA y el FMLN no solo convivieron con las pandillas, sino que las convirtieron en sus socios, les ofrecieron espacios dentro de estructuras de gobierno, les dieron fondos y, sobre todo, protección e impunidad.
Romper todo ese esquema de crimen y corrupción fue una tarea que solo fue posible cuando el pueblo salvadoreño le dio al presidente Bukele todo el respaldo político al elegir a una Asamblea Legislativa realmente comprometida con el bienestar ciudadano.
Ahora, en perspectiva, podemos decir que todo el esfuerzo realizado, los cambios legales implementados y la depuración del sistema de justicia han permitido que El Salvador conozca verdaderamente qué es la paz. Otras naciones lo han visto y ven al país como su referente en seguridad.
El Centro para el Confinamiento del Terrorismo (Cecot) se convirtió en el símbolo de la guerra contra las pandillas. Ahora también sirve para mantener resguardadas no solo a las organizaciones que sembraron la muerte y miseria en el país, sino también a las de otras naciones, como la banda venezolana Tren de Aragua (DTA), que se expandió por todo el continente.
Estados Unidos confía en que en El Salvador, el país más seguro del hemisferio, se pueda mantener contenidos a estos peligrosos delincuentes. El país obtiene fondos para hacer autosostenible el sistema carcelario, pero también fortalece sus relaciones con su principal aliado.
Los aliados de la delincuencia han dicho que este acuerdo convierte al país en una inmensa cárcel. Basta salir a la calle y darse cuenta de que esto es una total mentira. Desde la implementación del régimen de excepción, los ciudadanos salvadoreños viven con total tranquilidad y seguridad. Ahora sí se respetan sus derechos humanos, los que antes pandilleros y políticos corruptos violaban a diario.
El país recibe a millares de turistas, atraídos por las fabulosas playas, tradición cultural y también por la seguridad. Esta semana, por ejemplo, los surfistas de élite participan de la cuarta parada del Championship Tour 2025 de la Liga Mundial de Surf.





