S i hay un ministerio tan complejo y difícil es el Ministerio de Educación. Siempre fue así, por la enorme politización enquistada en todas sus estructuras y una bien organizada corrupción que salpicaba todas las unidades de mando y jefaturas.
Todo esto provocado por las incapacidades de los funcionarios que se nombraban y por gobiernos que lo que menos les interesaba era una buena rendición de cuentas y transparencia. Al sistema educativo lo habían convertido en un sistema anárquico, donde cada quien hacía lo que quería, y nadie era responsable de nada.
Las escuelas eran nidos de desorden donde las pandillas encontraban asidero para reclutar y preparar nuevos pandilleros.
Fue con la implementación del Plan Control Territorial (PCT) que se comenzó a hacer una limpieza social, y las escuelas comenzaron a respirar aires de paz y tranquilidad. Sin embargo, quedaban remanentes de intentonas de generar anarquía en las escuelas por algunos pequeños grupos de estudiantes.
Con la llegada de la nueva ministra se rompen esos paradigmas anárquicos y se le da esperanza a un sistema escolar fallido, para impulsarlo a un nivel más prometedor, en un clima de orden y disciplina.
En esta tarea se requiere el apoyo de todas las fuerzas vivas del país, no será trabajo de un solo funcionario, será una labor conjunta; y el primer actor tendrá que ser la familia, donde se tienen que enseñar valores de convivencia tanto familiar como escolar, apoyando al docente en esta tarea de disciplina.
La disciplina en la educación es fundamental para crear un ambiente de aprendizaje efectivo y promover el desarrollo integral de los estudiantes. Implica establecer normas, reglas y prácticas que fomenten el respeto, la responsabilidad y la autorregulación, tanto dentro como fuera del aula.
Es un proceso activo y constructivo en el cual los alumnos adquieren conocimientos, habilidades y valores a través de la interacción con su entorno y otros individuos. El docente es una pieza clave en este proceso, las habilidades por desarrollar en los estudiantes deben ser parte primero del maestro.
Del instituto de formación docente Infod, antes ESMA, se debe revisar su organización y funcionamiento, y diseñarle un verdadero rol para formar nuevos docentes con otra visión de cambio más integral y no limitarse a ofrecer charlas y seminarios que no se traducen en cambios actitudinales y generan altos costos al Estado.
Para garantizar este éxito habría que revisar y evaluar las competencias que tienen las jefaturas, los asesores y colaboradores técnicos y directores escolares. Se deben redefinir las funciones de asesores técnicos, pedagógicos, que poco o nada han aportado a este proceso de transformación de la educación.
Habría que hacer una evaluación exhaustiva de este componente, ya que es el enlace principal entre la escuela y el Ministerio de Educación. Asimismo, las direcciones departamentales para ver qué tan efectivas han sido o cambiar esa figura por una gerencia regional, que podría reducir costos financieros.
Las primeras medidas de la ministra de Educación han sido muy efectivas y tienen el beneplácito de la población. Se espera también que se haga una reestructuración profunda de los otros componentes técnicos, administrativos y de jefaturas para garantizar el éxito de la nueva administración que está frente a un gran reto y desafío, como es la de transformar la educación y adaptarla a los nuevos tiempos.
Los jóvenes reflejan una falta de empatía, no aprecian la belleza de las cosas ni de la creación, y eso no es culpa de la tecnología como muchos dicen; es por la falta de valores que se han perdido en la familia y no se fomentan en las escuelas.
En este nuevo escenario deberían tomar un rol más activo los viceministros, ya que han estado muy pasivos en las administraciones anteriores; ellos son los responsables de implementar y ejecutar las acciones técnico-operativas del ministerio. Por eso es muy importante revisar su nuevo rol en esta nueva administración. «Tener una educación de calidad es tarea de todos».






