El Salvador aplica desde ayer la cuarta dosis de la vacuna anti-COVID-19 tanto para sus ciudadanos como para los extranjeros que residen en el país, con edades desde los 12 años. La medida posiciona al país como el primero en implementarla en la región y destaca aún más el éxito de la estrategia para combatir la pandemia.
El país estableció buenos acuerdos para aprovisionarse de las vacunas, no solo con un laboratorio, sino con varias farmacéuticas internacionales que trabajaron de manera paralela para desarrollar una vacuna contra el coronavirus.
El Gobierno del presidente Nayib Bukele ha hecho tan bien las cosas que ahora mismo hay menos de 70 personas ingresadas en los hospitales públicos por la COVID-19, de las cuales ni una decena requiere ventilación mecánica, en tanto que los contagios no llegan a los 400 detectados a partir de las 5,000 pruebas PCR que se aplican a diario en todo el país.
Estos números son especialmente importantes porque en otras latitudes hay repuntes de la enfermedad, tanto que hay ciudades chinas que reactivaron las cuarentenas para evitar que los brotes se extiendan a la mayoría de la población.
La vacunación en El Salvador se ha dado de manera expedita y masiva, gratuita y universal, pero respetando la voluntariedad de las personas. Se ha alejado de las posturas de otras naciones que han hecho de la inmunización una obligación, incluso han creado «pasaportes sanitarios» en todo el territorio.
Los estudios científicos han demostrado la importancia de las vacunas para evitar la gravedad de la enfermedad, que obliga, precisamente, a la hospitalización, lo que conlleva mayores gastos para el Estado y pone en peligro la vida de los ciudadanos.
El país también es líder en la distribución de medicamentos para las personas que han dado positivo al coronavirus con la entrega del potente antiviral molnupiravir, cuando en otros países un tratamiento completo como el que entrega el Gobierno puede llegar a costar $300.
Todas estas medidas que ponen al país en el mapa mundial debido a los excelentes resultados se empezaron a implementar con opositores que dominaban la Asamblea Legislativa, pero que fueron relegados después de que los ciudadanos los expulsaran a la irrelevancia, con lo que los planes para combatir la pandemia se reforzaron, ya que se colocó en primer lugar la vida de la población y no los fríos y despiadados cálculos de la vieja política.






