Me animé a escribir estas líneas consiente de que la realidad económica, política y social es sumamente cambiante y que en algún momento estas líneas pudiesen quedar obsoletas, pero es interesante destacar que hay una realidad, 25 años de régimen chavista, y esta no cambia, más bien empeoran las condiciones de vida material de la población venezolana, a pesar de ser un país rico en minerales, entre los que destacan el carbón, el oro, el hierro, la bauxita, níquel, diamantes, calizas y otros no metálicos, además de importantes prospecciones de amianto, fosfato, manganeso, azufre y plomo, y petróleo, gas natural, energía hidroeléctrica, cobre, etcétera.
Venezuela es una nación bendecida con tantos recursos naturales, pero con altos niveles de pobreza. El salario mínimo, según las mismas declaraciones de Maduro, sería de 130 bolívares, aproximadamente $13. Para ser un país tan rico tiene altos niveles de pobreza. La población lucha a diario tratando de sobrevivir con una miseria, pero la pregunta que debemos hacernos es la siguiente: si Venezuela es un país rico, ¿por qué su gente se hunde en la pobreza multidimensional, la cual ronda el 51.9 %? La mayor parte de la población carece de acceso a servicios básicos como vivienda, salud, educación, seguridad social y trabajo. ¿Dónde se queda la ganancia y la riqueza de un país rico en cuanto a minerales se refiere? El análisis nos lleva a la conclusión de que los familiares y el grupo cerrado de la familia de Hugo Chávez, Diosdado Cabello y Nicolás Maduro, por mencionar algunos, forman ahora parte de la nueva burguesía venezolana, contraviniendo los denominados «principios revolucionarios», que teóricamente hablan de la «distribución equitativa de la riqueza socialmente generada», pero no se materializa en las mejoras en cuanto a la calidad de vida de los ciudadanos.
Maduro, predecesor de Chávez, lleva ya dos períodos como gobernante, caracterizado por ser altamente intolerante a la crítica y con niveles elevados de represión generalizada hacia sus adversarios políticos, muchos de ellos ahora presos por sus ideales. Según el Foro Penal, por ahora se contabilizan 249 presos políticos hombres y 20 mujeres, es decir, hay 269 personas que guardan prisión por sus ideales; además, había ocho presos políticos de nacionalidad estadounidense, quienes mediante negociaciones con Estados Unidos fueron liberados.
En las recientes elecciones, el pasado 28 de julio, según información de los voceros opositores de las políticas del oficialismo, habrían ganado tomando como base el 73 % de las actas transmitidas dando como ganador a Edmundo González, en detrimento de Nicolás Maduro, a quien incluso antes del proceso electoral se le veía descompuesto porque en esencia conoce del rechazo y hartazgo de la población hacia sus fallidas políticas, que tienen sumido al país en la pobreza multidimensional y extrema, y con una clase dominante vigorosamente «alivianada» que surge como la «nueva burguesía revolucionaria».
Venezuela es por ahora un país que se hunde entre el fraude electoral perpetrado por Maduro y compañía y a la vez se constituye un golpe de Estado, pues están tomando de nuevo el gobierno de facto, lo que implica literalmente de hecho, esto es, sin reconocimiento jurídico, por la sola fuerza que lo acompaña.
El presidente Nayib Bukele fijó posición en este tema, pues a finales de 2019 ordenó al cuerpo diplomático venezolano acreditado en nuestro país abandonar El Salvador, lo que generó una controversia política, pues desde entonces la administración Bukele desconoce la legitimidad de dicho gobierno por sistemáticas violaciones de los derechos humanos. Fiel a su estilo y manteniendo una política exterior congruente, de igual manera en nombre del pueblo salvadoreño desconoce a Nicolás Maduro por su controversia de fraude electoral y a la vez golpe de Estado, pues no reconocer su derrota es tomar por la fuerza un gobierno que no le pertenece.





