Mientras la crisis en ARENA cada día se profundiza con nuevas declaraciones y denuncias de irregularidades y favoritismos, en el FMLN las cosas no están mejor. A finales de este mes debe vender el local del partido en Ayutuxtepeque para pagar las indemnizaciones que adeuda a los empleados que despidió.
De acuerdo con una resolución judicial, el partido de izquierda terminó con el local embargado debido a las denuncias de sus militantes —que, además, recibían un salario por las tareas que ahí realizaban—, que ahora reclaman a la dirigencia nacional no haber hecho lo suficiente para conservar el inmueble.
Lo más ilustrativo del caso es que los efemelenistas no lamentan el estado precario y agonizante en el que se encuentra su organización política, sino que sus reclamos se centran en que perderán el local. Aseguran que la sede del FMLN en ese distrito de San Salvador Centro lo construyó la militancia, la cual dedicó «tiempo y mano de obra».
Hace unos años, ese mismo partido nadaba en la abundancia de los petrodólares conseguidos por su alianza con la Venezuela de Hugo Chávez y sus herederos.
Además, saqueaban el Estado, se convirtieron en «empresarios» y otros más, como Sigfrido Reyes, en millonarios inversionistas en bienes raíces. De esa forma, sepultaron las esperanzas de un pueblo al que habían prometido que, de llegar al poder, iban a transformar al Estado y harían justicia social.
Nada más lejos de la realidad. La venta del local de Ayutuxtepeque ilustra muy bien la realidad de ese exponente del decadente sistema de viejos partidos políticos: los pocos que se quedan se pelean por las sobras, por lo poco que todavía puede ser útil o tener valor.
Ese, además, es el resultado de malas decisiones, pero, sobre todo, por haberse desvinculado del pueblo salvadoreño. Su primer presidente, Mauricio Funes, murió en otro país bajo un secretismo que podría estar relacionado con la opacidad con la que vivió sus últimos años.
¿Y qué pasó con Salvador Sánchez Cerén? No se sabe nada, salvo que, al igual que Funes, el régimen orteguista lo nacionalizó para blindarle y así protegerle de la justicia salvadoreña, que lo busca por corrupción.
Como ARENA, en donde denuncian falsas deudas para cubrir desfalcos, el FMLN no es más que un cascarón vacío. Una triste realidad forjada por aquellos que engañaron a un pueblo e incumplieron sus promesas.






