Más de 120 países están por ingresar a la Semana Mayor, una de las celebraciones más significativas del calendario cristiano católico. El Salvador no es la excepción.
Cientos de miles de feligreses hacen preparativos para llevar a cabo las distintas actividades espirituales desde el Domingo de Resurrección, como parte de la fe y en conmemoración de los últimos momentos de Cristo en la Tierra, su pasión, muerte y resurrección.
Más allá de la festividad religiosa, la Semana Santa representa un auténtico viaje cultural entre procesiones espectaculares, alfombras, costumbres ancestrales y rituales. Un período que reúne a los pueblos en una celebración que es religiosa y al mismo tiempo festiva.
Es un tiempo de devoción, espiritualidad y descanso, que representa también la oportunidad para reflexionar, agradecer, compartir, cuidar y celebrar en comunidad, en familia.
Es importante entonces pensar sobre la vida propia y la de los seres queridos, sobre la responsabilidad de ser parte positiva de las celebraciones y sano esparcimiento, y no de las estadísticas negativas.
¿Cuánto vale la vida de tus hijos, de tus padres, de tus hermanos, o de un peatón? ¿Vale la pena arriesgarlos por conducir bajo los efectos del alcohol, o por usar tu móvil, o por ir a excesiva velocidad o invadir carril contrario?
Desde el 1.º de enero hasta el sábado 21 de marzo, las estadísticas oficiales revelan situaciones escalofriantes: 5,468 siniestros viales, 1,263 más que en el mismo período de 2025. En estos percances fallecieron 329 personas, 74 más que el año pasado; lesionados, 3,558, que sobrepasan los 2,594 de 2025.
El 83 % de los fallecidos por accidentes viales son peatones, motociclistas y ciclistas.
A principios de este mes, una mujer con ocho meses de embarazo perdió la vida en un aparatoso accidente en la autopista a Comalapa cuando se dirigía a la playa con su familia. Hace unos días, tres mujeres fallecieron en un percance vial en San Vicente, una de ellas en estado de embarazo.
Muchos no entienden que la pérdida de vidas por accidentes viales provoca consecuencias irreparables en las familias y el tejido social, siendo un luto permanente. Ni los seguros, ni todo el dinero del mundo devuelve la vida.
En 2025, durante las vacaciones de Semana Santa, 37 personas fallecieron, de ellas, 30 por accidentes de tránsito, y hubo 336 lesionados. La cantidad de siniestros viales fue superior a la de 2024.
¿Qué se puede esperar en una semana donde muchos aprovecharán para visitar playas, parques recreativos, montañas y pueblos?
Las instituciones de gobierno están dedicando todos sus esfuerzos para revertir esa tendencia fatal. Sendas campañas institucionales se realizan para hacer conciencia del valor de la vida.
Los gestores de tránsito, policías y miembros de protección civil están en las principales calles del país para cuidar de cada familia, pero algunos automovilistas lo que hacen es molestarse con ellos o hasta atropellarlos.
De nada sirven todas las acciones gubernamentales si los mismos ciudadanos no son responsables con su vida, ni con la de sus seres queridos, ni con la del prójimo.
Pensemos: como pueblo tenemos mucho que agradecer a Dios por tener un El Salvador seguro, donde la criminalidad de maras y pandillas ha sido derrotada por el presidente Nayib Bukele, donde ahora caminamos en libertad y seguridad en cualquier lugar del territorio nacional.
Ahora podemos disfrutar de las actividades religiosas sin preocupaciones y descubrir y redescubrir lugares hermosos que antes estuvieron bajo el control de los terroristas.
Sí, es un excelente momento para hacer turismo interno y para recibir a miles de visitantes internacionales.
Pero no es posible que los salvadoreños sean displicentes con sus vidas, que ahora que no hay fallecidos por grupos criminales lo haya por irresponsabilidad al volante.
De acuerdo con datos del Ministerio de Turismo, la proyección es que el país recibirá alrededor de 145,000 visitantes internacionales en Semana Santa, que refleja un incremento en la actividad turística.
En cuanto al turismo interno, prevén una movilización de aproximadamente 1.7 millones de visitantes a distintos destinos del país, incluyendo playas públicas y el Centro Histórico de San Salvador.
El reto, entonces, es enorme, para no ser parte de estadísticas fatales.
Sin duda, la Semana Santa no es solo un feriado o una tradición de fe, es también un llamado a la introspección y al crecimiento personal. Es el momento ideal para renovar nuestro compromiso con Dios, la familia, la comunidad y el país.
Detengámonos el tiempo necesario para pensar y valorar lo que tenemos, para hacer el bien, para entender que solo Dios es eterno y que nadie tiene el derecho de hacer daño a nadie, por los motivos que sean.
Que sea una Semana Mayor de fervor, alegría y descanso. Hagamos un viraje hacia la vida.






