Maximiliano Martínez, un experimentado violinista de gran trayectoria artística y también un abnegado padre de familia, es un claro ejemplo de cómo su talento trascendió a sus hijos, Maximiliano y Byron, logrando dejar en ellos una huella que hasta el día de hoy ha dado infinidad de satisfacciones personales y profesionales.
Sus hijos no solo comparten con su padre una fascinación desbordante por la música, sino también han logrado hacer de ella lo que describen como «un patrimonio familiar», a raíz de la creación de dos agrupaciones musicales de las que su padre es el director principal: la Orquesta de Cámara de Max Martínez, y Voces y Violines, Cuerdas de Plata.

Para su hijo Max, violinista de profesión, su historia con la música inició a partir de los cinco años, cuando su padre en el anhelo de transmitir en él el amor por la música aportó todos sus conocimientos al punto de lograr que el violín fuera no solo una pasión para Max, sino también una herramienta de vida que le permitirá hacer una carrera profesional.
«Todo empieza en casa. Yo veía el quehacer de mi papá, veía su rol como músico, cómo preparaba sus conciertos de la orquesta, cómo estudiaba el violín, una cosa que no terminaba. Desde los cinco años comenzó a inculcarnos la música con clases de solfeo; y bueno, yo me enamoré del violín. A los 13 años yo sentí la fuerza y la necesidad de estudiar música, de hacer carrera con la música. Gracias a Dios tenía un gran apoyo en casa, mi gran ejemplo, mi papá», manifiesta Maximiliano hijo.
Por su parte, Byron, pianista y el menor de los hermanos, expresa que aunque el sentimiento por la música siempre se disfrutaba en casa, este no era un tema que su padre tomara a la ligera, ya que en medio de instrumentos y partituras la disciplina era parte fundamental de la enseñanza.
«La disciplina era lo más importante. La música nunca se tomó como un “hobby”. Mi padre jamás se lo tomó a la ligera. Y, pues, viendo ese ejemplo y con todo ese talento tan admirable, simplemente se nos hizo imposible no seguir sus pasos. La música nos rodeó».

Luego de muchos años y con toda una trayectoria musical en la que han disfrutado de presentaciones en distintos escenarios y eventos, don Maximiliano, responsable de todo un movimiento artístico familiar, confiesa sentirse pleno de haber transmitido a sus descendientes una herencia que le permite compartir su más grande pasión: la música.
«Me siento realizado en lo que he hecho siempre, porque desde pequeño me incliné en el arte y ellos también tomaron el camino de la música. Ellos son mi soporte para todo», comenta Maximiliano padre.







