Entre papeles de colores, tijeras y recuerdos, Zoila Pura Azucena Córdova mantiene viva una de las tradiciones más arraigadas de los salvadoreños, la elaboración artesanal de flores de papel.
A sus 100 años, esta mujer, originaria de Santa Isabel Ishuatán, en Sonsonate Este, continúa dando forma y color a las flores que adornan los altares y cementerios cada 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos.
Nacida el 9 de octubre de 1925, Zoila, a quien cariñosamente todos en la comunidad llaman Purita o Zoilita, aprendió el oficio cuando apenas tenía siete años. Desde entonces, su vida ha estado entrelazada con el arte, el papel y la devoción.
«Desde los siete años, estaba bien cipota cuando comencé, una señora me enseñó a trabajar el papel de china. Toda la gente me quiere. Yo me siento bien, lo único que ya no puedo es andar [caminar]», relata con una sonrisa, mientras sus manos, aún firmes, pliegan con delicadeza los pétalos de una flor.

Durante más de nueve décadas, ha dedicado su tiempo y talento a elaborar flores artificiales que más allá de ser una fuente de ingreso, representa un símbolo de amor y memoria para las familias salvadoreñas que visitan a sus seres queridos fallecidos. El pasado 9 de octubre, su familia le celebró sus 100 años con un pastel decorado con flores y hasta hubo mariachi.
No pudo dejar de recordar sus vivencias y trayectoria realizando el oficio. El pequeño taller improvisado en su casa se convierte cada octubre en un lugar de movimiento y color: papeles de tonos rosados, lilas, blancos, rojos, verdes y amarillos se apilan en las mesas, para luego comercializarlos en los respectivos diseños.

Zoila se prepara, como cada año, para atender la demanda de quienes buscan las flores hechas con sus manos, consideradas por muchos como las más finas y duraderas de la localidad de Ishuatán.
Es madre de dos mujeres y un hombre, a quienes ha sabido transmitir su legado. Sus hijas también continúan la tradición, elaborando ramos y coronas junto con ella, perpetuando un oficio que ha acompañado a varias generaciones.
En Santa Isabel Ishuatán todos la conocen y la respetan. Su nombre es sinónimo de tradición, arte y fortaleza. Y aunque el paso del tiempo le ha robado la movilidad, no ha podido arrebatarle la pasión ni la calidez que la caracteriza.







