La semana anterior, la Policía y la Fiscalía General de la República desarticularon una estructura criminal dedicada al tráfico ilegal de personas a escala nacional e internacional. Emitieron 34 órdenes de captura y lograron incautarse en dicho operativo de 17 vehículos materializados con extinción de dominio, armas de fuego, más de $10,000 en efectivo, alrededor de 700 quetzales y teléfonos móviles. Además del delito de tráfico ilegal de personas, se les acumularán agrupaciones ilícitas, tenencia ilegal de armas de fuego, conspiración en el delito de homicidio, y se les aplicará la extinción de dominio en sus propiedades. Las capturas fueron hechas en los departamentos de San Salvador, La Libertad, Sonsonate, Santa Ana, Ahuachapán y Cabañas.
Es relevante esta operación regional porque los coyotes en El Salvador han operado por décadas con impunidad y descaro, y han sido hasta admirados en colonias, barrios, cantones y residenciales donde viven por sus lujos, por los decorados de mal gusto en sus residencias y los adornos en sus vehículos, que demuestran su capacidad económica. Además, como «nadie los agarra», fueron considerados «intrépidos y audaces», ya que muchos de ellos tienen la fama de ser «tiro seguro» para pasar al otro lado. Ser traficantes ilegales de personas en El Salvador (coyote) les ha proporcionado un estilo de vida envidiado por muchos, ya que su nivel económico les ha permitido colarse a todo nivel, y hasta hacer obras benéficas que les permiten comprar voluntades o ser patrocinadores o colaboradores de las fiestas del pueblo.
Han estado en alcaldías, equipos de fútbol de las tres ligas profesionales y otras esferas políticas o de poder. Han invertido en medios de comunicación y en negocios que les han permitido lavar el dinero. Y qué decir cuando visitan un bar, discoteca, restaurante o centro nocturno: derrochan el dinero y hasta se dan el lujo de cerrar el negocio para atención exclusiva.
No solo se han lucrado en El Salvador de la necesidad de las familias de reunirse en Estados Unidos, sino de los que han sido desplazados forzadamente por la violencia y de otros por la necesidad de irse para el Norte a generar ingresos para sus familias por falta de empleo y oportunidades. Todo es parte del crimen organizado transnacional, cuyos tentáculos se mueven a todo nivel. Estos no son «polleros»: obtienen altísimas ganancias.
Y qué decir de la cobardía de dejar a sus víctimas abandonadas en Guatemala o México, o vendidas a otros criminales con los que quedan expuestas a los carteles en México.
La relevancia de esta operación entre la Fiscalía y la Policía es, en mi opinión, el giro en la investigación especializada operativa y de extinción de dominio, entre otras. Actúan de simultáneamente para incautar bienes. La compartimentación de la información entre la Fiscalía y la Policía denota que hay personal comprometido e incorruptible en estas unidades. El mensaje que se le envía a otras estructuras delictivas es que hay más investigaciones abiertas en estos ilícitos y que, sin duda, las llevarán a éxito logrando capturas y desmontarlas. Durante décadas fueron intocables, sus tentáculos eran muy largos y la corrupción y la impunidad eran los mantos que los cubrían. Se acabó la impunidad. Les llegó el día por la voluntad política de titulares, direcciones, jefaturas y todo el personal especializado de la PNC y la FGR.
El excelente trabajo interinstitucional entre la Fiscalía y la Policía en la actualidad debe continuar en beneficio de la sociedad salvadoreña para la prevención, combate y erradicación del tráfico ilícito y la trata de personas.
Traficar con personas es una forma de trata de personas, ya que obtienen beneficio financiero o de otro tipo, y es un delito transnacional. Excelente trabajo el de las unidades especializadas de la Policía Nacional Civil y la Fiscalía General de la República, han actuado profesionalmente, especializadas y con enfoque victimológico. Que Dios las bendiga.





