A escala internacional se habla mucho sobre lo que han denominado «el modelo Bukele». Me llama poderosamente la atención que la periodista de la revista «Time» lo mencionara en su encuentro con el presidente, durante una amplia y escrutadora entrevista en la que aborda los temas a los que cualquier líder político rehuiría.
Bien dijo Marco Tulio Cicerón «nada es más hermoso que conocer la verdad», y qué mejor que escucharla de los labios del constructor de la nueva historia de El Salvador, en medio de tanta falsedad y desinformación de ONG y activistas con pluma y micrófono que derrochan el dinero de particulares con chequera que se frotan las manos para hacer que el país vuelva a las décadas de terror.
Nayib no se incomoda con ninguna pregunta. Con la agudeza política y su visión de estadista que lo caracterizan responde: «Yo siempre he dicho que nosotros estamos abiertos a apoyar a cualquier Gobierno» […]. «A veces dicen “el modelo Bukele”, no se llama así». Pero al mismo tiempo les da libertad para nombrarlo como gusten, pues la importancia radica en el verbo.
¿A qué le llaman «modelo Bukele»? Así denominan a su estilo de gobernar, a sus acciones firmes en favor de la nación, a la valentía y el éxito de combatir el narcotráfico y lavado de dinero, a derrotar a las maras y pandillas a las que areneros y efemelenistas, en lugar de hacerles frente, financiaron, protegieron y fueron socios de sus crímenes. Mientras, los organismos internacionales, ONG y medios de comunicación, bien gracias.
Las ideologías de derecha e izquierda fueron carceleras de la verdadera libertad, de la paz, de la tranquilidad y seguridad de toda la sociedad. Solo se entiende esa aberración cuando ahora sabemos cómo se enriquecieron a costa del luto y la sangre de las familias inocentes, primero, durante la guerra civil, y, luego, cuando convirtieron al país en el más violento del mundo.
Nayib lo dice claramente: «No soy ni de derecha ni de izquierda». Es que es el primer presidente del pueblo. Entonces qué se entiende a lo que internacionalmente llaman el «modelo Bukele». Es el que establece, primero, lo apremiante para su pueblo, el rescate de la seguridad ciudadana, para luego dar paso a la construcción de un nuevo país y liberar el desarrollo social y económico que areneros y efemelenistas mantuvieron secuestrado.
Nayib pulveriza todas las tretas editoriales y cantaletas de activistas sobre dictadura, régimen de excepción, torturas en penales, «periodismo» en El Salvador y sus inventos de negociaciones con pandillas, su segundo mandato y su posible futuro político. Esto último, sin duda, es el tema de conversación ansiosa de los siniestros. ¡Ja! Laboratorios a mil… Seguramente, ya se relame aquel «coach» para ponerse a disposición y repetir su papel de Judas.
Obviamente, todas las respuestas a esas preguntas plasmadas en la revista «Time» cayeron como hiel en el coctel de alucinógenos de los opositores al presidente Bukele, de quienes creen que el pueblo aún quiere ideologías y de aquellos que se creen plumas sagradas del periodismo. Son un chiste los bolos con sus tiktok, videítos e Instagram. Tienen cabeza dura para entender que nada es más vergonzoso que aprobar la mentira y tomarla por verdad, tal como lo hacen sin pudor.
Nayib les corrigió la plana. Por supuesto que no lo aceptan, ni nadie espera que lo hagan, pues para eso les pagan, para cumplir la agenda rastrera. Pero aquí hay libertad de expresión. Ejemplos sobran de donde no hay. ¿Quizá con dibujitos aprendan?
El presidente del pueblo es un patriota que está por encima de las mezquinas luchas, intrigas y conspiraciones políticas de los activistas que lanzan todo tipo de falsedades desde trincheras protegidas por personajes de institutos académicos mercenarios.
De lo que estamos seguros los buenos salvadoreños es que debemos seguir avanzando paso a paso, ganar las batallas y repudiar a aquellos que luchan por regresar a la cárcel de las ideologías, me refiero a los antagonistas del «modelo Bukele».
Es la perseverancia la que lleva a los hombres a la cima. Esa es la ruta.






