El Señor quita la vida y la da. En días pasados, el presidente Nayib Bukele publicó en Twitter la decisión de no promover reformas a ningún artículo relacionado con el derecho a la vida desde el momento de la concepción.
Cuan trascendental y arriesgada decisión en pleno siglo XXI. Aferrarse a los principios inculcados desde la niñez por sus padres, creyentes de Dios. Honrar ese legado heredado no es una cosa fácil, siendo el mandatario de un país que con este tipo de decisiones se aleja más de la tendencia mundial aberrante y despiadada, liderada por las potencias mundiales, que en algún momento de su historia fueron invencibles gracias a poner como fundamento de su historia a Dios y sus mandamientos, pero que con el pasar del tiempo se olvidaron de sus principios y claudicaron en contra de las leyes que un día los colmaron de bendiciones.
En Latinoamérica, el tema del aborto ha venido ocupando las agendas más importantes. Querer resolver la falta de educación temprana sumando a esto la crisis familiar y la violencia con la matanza de vidas inocentes no es lo correcto. El mundo cada vez más le dice bueno a lo malo y a lo malo le dice bueno.
En realidad, el mundo debe corregir sus pasos y fomentar una educación temprana, así como también inculcar verdaderos valores a nuestra niñez. Hoy en día, la tecnología ha puesto en las manos de nuestros hijos un celular o un dispositivo desde el que tienen acceso a todo tipo de información, incluyendo contenido sexual explícito que en redes sociales se ha convertido en una tendencia para ser popular. La música de hoy nuestros abuelos la llamarían basura y perversión, ya que escuchamos palabras obscenas ilimitadas en casi la mayoría de canciones.
Todo esto ha contribuido a que nuestros niños y adolescentes cada día vean al sexo temprano como una opción fácil y atractiva, que a la vez el mundo quiere contener con el famoso aborto, con leyes más fuertes contra los abusadores, pedófilos, enfermos sexuales son parte de una agenda que se debe promover para cuidar a nuestra niñez y nuestra adolescencia.
Como pastor y salvadoreño celebramos la decisión del presidente a no abrir brecha en este tema, que traería grandes consecuencias de desenfreno y castigo celestial.
Solo Dios puede dar la vida y solo Dios puede quitarla, así lo dice el libro de Isaías en las sagradas escrituras. La Biblia enseña que en la institución del matrimonio los hijos son una ordenanza divina tanto para cumplir los propósitos de Dios para la humanidad como para la repoblación de la Tierra. El mandato a la primera pareja fue: «Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla» (Génesis 1:28). Con las escrituras, los hijos se consideran un don de Dios: «He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre» (salmo 127:3).
Dios siga bendiciendo a nuestra nación y dando sabiduría a quienes nos gobiernan.





