El maestro Mahatma Gandhi solía decir: «Tus creencias se convierten en tus pensamientos, tus pensamientos se convierten en tus palabras, tus palabras se convierten en tus acciones, tus acciones se convierten en tus hábitos, tus hábitos se convierten en tus valores, tus valores se convierten en tu destino». Pues bien, la postura expuesta por este maestro de la paz permite comprender que solo se debe construir hacia afuera, construyendo hacia adentro y desde adentro.
Si bien es cierto que la vida posee variedad multifactorial de circunstancias que pueden limitar o detener a un individuo, más cierto son aún las barreras que así mismo se autoimpone la persona humana, por no tener entre sus manos el control de su propio destino. No hay otra forma de construir algo si no se posee la destreza y los conocimientos necesarios para ello; de la misma manera, hay que comprender la vida y a sí mismo para poder construir el propio destino.
Ya lo expresaba el insigne maestro de la pluma, William Shakespeare: «No está en las estrellas contener nuestro destino, sino en nosotros mismos».
Considerando esta idea vale la pena como sustento de lo tratado determinar que el destino es una fórmula inventada y empleada por quienes a lo largo de la historia han querido mantener el poder político, religioso o económico; pues no existe tal cosa, cada ser humano es dueño de su camino y su decisión .
De tal suerte que la vida es un proceso de vivencias y experiencias en las que la decisión juega el papel de mayor connotación óntica; cada dictamen tomado es una piedra que permite ir construyendo el muro del camino propio, y con ello el de la patria. Solo ciudadanos dispuestos a construirse a sí mismos pueden construir nación, y no cualquier patria, sino la de mayor fortaleza y dignidad. Al final, toda creación posee en sí su propia imaginación y ejecución.
Por tanto, es necesario reconocer y aceptar que solo quien va hacia adentro realmente está haciendo algo por fuera, solo quien tiene que dar puede dar y solo quien se ha construido a sí puede construir algo más fuera de él. Lo que el país está logrando se puede esfumar fácilmente si cada ciudadano no está comprometido con el cambio y la mejora continua. Claro, ese cambio pasa primero por el de la mentalidad; hay que soltar todo pensamiento de comodidad.
Irónicamente se sigue creyendo que siempre debe ser un ser o un ente quien dinamice la vida, y aún no se logra captar que la salvación de un pueblo está en el mismo pueblo; de ahí que se necesite soltar la cultura de la muerte, de la resignación, de la culpa, del egoísmo, del chambre, de la soberbia y la ignorancia, que no permiten avanzar más allá de lo que un solo gobierno está intentando. Juntos, gobernante y gobernado, es como se debe elevar por encima de la mediocridad.
Es así como se ha de lograr más y más, construyéndose a sí mismo y construyendo el núcleo social con base al individual. Es que no se puede ni se debe crear condiciones colectivas sin identidad personal, pues termina siempre siendo un adoctrinamiento. Así lo propone la maestra Rita Mae Brown: «La recompensa del conformismo es que todo el mundo te quiere, menos tú mismo». Amarse es amar y amar es amarse, no hay pleonasmo en esto, solo entendimiento.
Por tanto, constrúyete, es decir, ve hacia adentro, ámate, acéptate, y por tal, transfórmate. Solo este proceso ha de permitir realmente la unión de seres pensantes y cambiantes, que lleven a la nación al umbral de la evolución, tanto cultural, social y económica; claro, con las políticas públicas adecuadas, más la costumbre nacida de la comprensión sabia. Pues es tiempo ya de entender que no hay destinos trazados «a priori» sino destinos impulsados «a posteriori».
Así que, querido lector, constrúyase a sí mismo y estará construyendo una mejor patria.





