Para Herminio Rodríguez, la estancia de cinco años en Estados Unidos no valió la pena a pesar del duro viaje de manera irregular que decidió hacer en 2007. Su retorno voluntario ocurrió en 2012, y con la idea de aprender «siempre algo nuevo», el ingeniero agrónomo se dedica desde hace un año a la elaboración y distribución de productos lácteos en el caserío Nueva Esperanza, cantón Tilapa, municipio La Reina, en Chalatenango.
«Ojalá nadie más emigre, porque las situaciones a las que uno se enfrenta son muy difíciles; se somete a todo», dijo al recordar su trayectoria hacia al país norteamericano.
«El inmigrante indocumentado va a hacer el trabajo que nadie quiere hacer», opinó el salvadoreño, quien laboró en una empresa de limpiar pisos y construcción en el estado de Nuevo Hampshire, Estados Unidos.
Al regresar a su país trabajó en el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), donde obtuvo una beca de un año para Colombia sobre el manejo de especies menores, es decir, sobre aves. Dentro del plan de estudios había un módulo del procesamiento de lácteos en el que aprendió su elaboración.
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Sin embargo, se quedó sin empleo durante tres años. En 2018 se le presentó la oportunidad de formar parte del grupo de 28 migrantes retornados del programa de Cancillería dedicado a la reinserción productiva y psicosocial para personas retornadas a El Salvador, desarrollado con el Fondo para la Atención a los Salvadoreños y Salvadoreñas en el Exterior y para Personas Retornadas (Fosalex).
Seis meses fueron suficientes para que Rodríguez se convirtiera en su propio jefe en el negocio de Lácteos Vladimir, nombre en honor a su único hijo.

El salvadoreño llevó a cabo un estudio de mercadeo con las capacitaciones recibidas y por medio de su esmero logró obtener un capital semilla de $3,500 de parte del programa. La venta de lácteos era poca en Chalatenango, por lo que no dudó en dedicarse al rubro.
Rodríguez recuerda que la psicóloga del programa le consultó si deseaba recibir la capacitación o el capital, pero Rodríguez, a los 55 años, optó por el conocimiento: «No tengo el capital, pero lo consigo donde sea. La formación académica no la voy a conseguir en cualquier lado», respondió.
La pandemia por la COVID-19 hizo que generara más ganancias por el servicio a domicilio que ofrece en su motocicleta al hacer cuatro viajes desde el municipio La Reina hasta el municipio La Palma. Además, envía pedidos hasta San Salvador.
Los interesados en probar los productos de manos salvadoreñas pueden consultar al 7060-7021.







