Las personas que me conocen en su mayoría me dicen Julito, incluidos mis amigos y compañeros de trabajo, otros me llaman Julio, unos cuantos, licenciado. Una persona me dice «vida», otra me dice Chele, pero hay una forma de llamarme que después de seis años espero escucharla toda mi vida, las veces que sea necesario, y es cuando me llaman «papá».
Estoy seguro de que el papá o la mamá que lea esto se identificará; se vuelve normal saber sobre precios de pañales, toallas húmedas, leches y cereales; en alguna medida se aprende sobre medicamentos adecuados para enfermedades cotidianas o recurrentes, se vuelve común dirigirse a las zonas de juguetes, ya que es mucho el aprendizaje que alcanzamos con cada experiencia.
Yo quería ser padre, acepto que tenía nervios, había escuchado comentarios buenos y malos, pero de algo estaba seguro: quería ser papá; y a la fecha estoy convencido de que, si se tiene la seguridad de querer serlo, es buena señal. Pasamos meses con mi esposa visitando laboratorios clínicos y recibiendo resultados de pruebas de embarazo negativas, estábamos preocupados y decididos a buscar otras alternativas, de ser necesario hasta incluirnos en un programa de adopción. Nos recomendaron un médico al que le tengo muchísimo aprecio y respeto; luego de seguir sus indicaciones recibimos con felicidad la noticia de que estábamos embarazados.
Una vez iniciado el embarazo pasamos a los nervios de si nacería bien y sin complicaciones, entre otras preocupaciones que considero que no hemos sido los únicos en vivir; mes a mes asistimos a los controles. Con cada mes me emocionaba la idea de estar presente en la sala de parto para decirle un día «hijo, te vi nacer».
El día que iniciaron las contracciones había emociones y sentimientos de todo tipo, llegamos al hospital, había llegado el día, después de dos años y medio; mi esposa y mi hijo, cansados, necesitaron ayuda extra para culminar el nacimiento, por lo que me parece admirable el trabajo y la vocación de médicos y enfermeras. Con mucho orgullo puedo decir que después de ellos fui el primero en cargar a mi hijo; volvimos a la casa, lo presenté con nuestras mascotas, y con su forma muy particular demostraron la emoción de ver a mi hijo.
Desde ese día he experimentado diferentes situaciones, cuidar de mi hijo enfermo, cuidar de mi esposa enferma, cuidarlos simultáneamente, vivo y disfruto mi rol al máximo, estimulé a mi hijo lo mejor que pude. La primera palabra que dijo fue papá. Se ha caído, golpeado, llorado, se ha frustrado, enojado, se ha divertido; trato de actuar de acuerdo con lo que considero que es ser una buena persona, porque soy un modelo para él, estoy tratando de aprender de todo lo que me sea posible para enseñárselo, si a él le interesa.
Padres, madres, en ocasiones hay obstáculos, pero también soluciones, hay tratamientos para que puedan ser padres, se pueden incluir en procesos de adopción, pero lo importante es que estén convencidos de que quieren ser padres y que darán lo mejor de ustedes. La vida nos da oportunidades diferentes a todos, en otras ocasiones debemos crearlas.





