Recientemente, por mi domicilio llegaron cuadrillas de la Dirección Nacional de Obras Municipales (DOM) a reparar las calles aledañas y observé, como lo hemos visto muchos, que se lee la conocida frase en sus indicadores de tránsito «El dinero alcanza cuando nadie roba».
Esto golpea a la oposición anacrónica, dueña de esas viejas formas de hacer política, en las que la mordida (soborno) y el diezmo (10 %) para los funcionarios fueron la regla de oro, caso contrario tendríamos un país con otro nivel de desarrollo.
Lo cierto es que la corrupción gubernamental es un tema estructural, al que se le debe dar la mayor importancia, ya que muchos programas sociales dependen de la buena administración del erario.
Evocando las sabias palabras del ahora san Óscar Arnulfo Romero y Galdámez: «Hay que cambiar de raíz todo el sistema»; lo expresa en franca conversación con los oprimidos, con aquellos que por más de cinco siglos fueron marginados de las políticas públicas.
Ahora esas palabras toman vigencia si le agregamos 30 años más de gobiernos de ARENA y del FMLN. El pueblo ha soportado el fierro sobre sus espaldas, el plomo de la muerte, las cadenas, las ergástulas, la persecución, la mentira, el destierro y la tortura.
Ahora bien, buscando contextualizar mi enfoque y como registro anecdótico: llegué como diputado a la Asamblea Legislativa en 2006, tiempo que se prolongó hasta 2015; y pude conocer de primera mano las temporadas altas y las bajas de cómo los dueños de los partidos negociaban para sí beneficios pecuniarios con astrales cantidades. Lo anterior en el contexto de las llamadas negociaciones políticas, y hablo de temporadas altas, las discusiones para aprobar el presupuesto general de la nación, para ratificación de préstamos, entre otros.
En este contexto, un señorito del FMLN, quien se ufana de ser también «líder» de un sindicatito del sector docente, me manifestó que yo era bobo, pues tenía la enorme oportunidad de alivianarme (mejorar la situación económica) y si no lo hacía «era un político fracasado».
Esas fueron las atrevidas palabras de este «señorito», lo que me afirmó en mi posición que yo sí estaba haciendo lo correcto al no involucrarme en ese tipo de ilícitos, tenía en mi mente claro que cuando terminara mi tiempo como funcionario quería seguir siendo libre de expresarme como ahora lo hago, de tener libertad ambulatoria (no de esconderme como estos ahora lo hacen) y de ejercer mi profesión sin señalamientos de ningún tipo.
Siempre fue la tradición en este país robar, hacer triquiñuelas, trampas, embustes, acosar, violar, prevaricar; o sea, ser corrupto es el hilo conductor del político tradicional.
Caso contrario vamos a encontrar en un presidente de la república que dio las grandes líneas de trabajo el día de la toma de su posesión, cuando hizo jurar al pueblo salvadoreño, quienes lo elegimos, a defender un proyecto político, a defender las transformaciones y, no como muchos creyeron, que se limitaría a defender un color o una bandera específicos.
Nayib Bukele lo hizo en relación con que los cambios iniciados en el país, pese a encontrarse unos meses después con la variable de la pandemia por la COVID-19, ha venido demostrando a propios y extraños que cuando se quiere, se puede.
Para el caso, aunque a la oposición le incomoda recordarles esos dolorosos 30 años que gobernaron y no tuvieron la capacidad de administrar la cosa pública, más bien se alivianaron con el tema de sobresueldos ilegales, con licitaciones amañadas, con pactos y acuerdos con pandillas, buscando obtener réditos políticos, utilizando nuestros impuestos para favorecer a grupos al margen de la ley y, aún más grave, negociaron con la sangre de nuestro pueblo.
Cambiar de raíz todo el sistema debe ser el hilo conductor de cada funcionario, de cada salvadoreño, frase que tomará vigencia si se colocan los elementos claves en los puestos indicados; lamentablemente, a algunos funcionarios no les cae el 20 y siguen colocando en los puestos claves a miembros de ARENA y del FMLN, caso que nuestro presidente deberá revisar, pues la lectura para un sector de la población no es la mejor.
Cambiar de raíz todo el sistema nos lleva a entender que cada funcionario debe ser empático y entender el clamor de nuestro pueblo y apartarse de las viejas mañas de los políticos apátridas, que lejos de buscar beneficios para el pueblo los buscan para ellos.
Solo recurriendo a cambiar el libreto para ejercer la política como servicio a los demás es que vamos a sacar adelante a nuestro país, a nuestras familias y a nosotros mismos.
Cambiar de raíz todo el sistema implica entender que las transformaciones impulsadas por el Gobierno del presidente Bukele deben convertirse en políticas de Estado y lo que se ha logrado en el plano de la educación, desarrollo económico, infraestructura y en seguridad pública sean sostenibles en el tiempo.
Estos logros deben ser defendidos por la población, ya que el hartazgo o el fastidio provocado en el pueblo por la oposición, antes gobierno, es evidente. En este sentido, se debe defender desde nuestras trincheras de trabajo un programa de gobierno que sea sostenible en el tiempo.
Los trabajadores del Gobierno deben servir a los usuarios de la mejor manera, que el médico, enfermera y personal administrativo sea empático, no enfermeras amargadas ni médicos irresponsables; en educación, docentes sumamente comprometidos con la calidad educativa hacia nuestros más de 1,300,000 estudiantes, que la cobertura sea plena y que la educación sea incluyente, adaptada a los nuevos tiempos de la tecnología.
También se deben erradicar las plazas fantasma, las cuales existen de un sector docente ya pensionado y que sigue lactando del Gobierno, cobrando y negando oportunidad a las nuevas generaciones de maestros; que el policía y el militar mantengan esa mística de seguir defendiendo a la población de los renglones torcidos que nos dejó ARENA y el FMLN; que la prensa, en términos generales, ayude a difundir y orientar a nuestra población sobre temas de relevancia para la sana convivencia, no como ahora que hasta tenemos mercenarios de la prensa, pagados por grupos del poder fáctico del país y por gatilleros externos como George Soros, Vivanco y Norma Torres, por mencionar algunos.
La nueva generación de políticos, con una mentalidad joven y renovada, debe dar el primer paso a efecto de demostrar con hechos que las viejas mañas de los políticos pasados de moda, caducos y obsoletos ya no forman parte de su praxis política, que busca aniquilar de una vez por todas las anticuadas prácticas.
Esa debe ser la mentalidad de los nuevos funcionarios, la que los convierte en políticos imperfectos a los ojos de los «viejos zorros», algunos aún enquistados en el Gobierno y otros, aunque pocos, en el seno de la Asamblea Legislativa.





