Los sistemas de seguridad de un Estado usan contrainteligencia que está sujeta al control legal para certificar su eficiencia y eficacia; pues el ámbito de la contrainteligencia permite orientar con información las acciones sobre seguridad que deben asumir los conductores políticos de un Estado.
La contrainteligencia es fundamental para un Estado, pues permite detectar a los traidores, los mercenarios o los vendidos que filtran información a adversarios, enemigos y criminales.
La contrainteligencia es una actividad destinada a prevenir, detectar, obstruir y neutralizar la información y las acciones adversas que constituyen una amenaza para la salvaguarda de datos, conocimientos, personas, áreas e instalaciones de interés para la sociedad y el Estado, protegiendo las capacidades, evitando acciones de inteligencia de actores que representen amenazas y traiciones para la seguridad nacional.
Es necesario tener medidas que descubran a los traidores, espías, vendidos, corruptos o doble agentes que se infiltran en el Estado aparentando ser aliados o incluso amigos, pero, en realidad, buscan obtener información para luego enviársela a sus financistas o patrones.
Todos los Estados democráticos del planeta tienen su red de contraespionaje, la cual permite descubrir a espías que tratan de favorecer a enemigos, por eso la contrainteligencia en el ámbito de la defensa corresponde a las actividades que se ocupan de identificar y contrarrestar la amenaza a la seguridad que representan los servicios u organizaciones de inteligencia hostiles o por personas dedicadas al espionaje, al sabotaje, la subversión o el terrorismo.
La contrainteligencia se encarga de proteger al Estado de organizaciones terroristas o personajes corruptos y delincuentes. Así mismo, en el caso de Latinoamérica, en el ámbito estratégico, la contrainteligencia, no ha sido estudiada y mucho menos desarrollada en comparación con las superpotencias de Norteamérica y Europa. Esto se evidencia en la falta de estrategias y líneas de acción específicas que generen una cultura de seguridad. Entonces, un país latinoamericano que logre usar su contrainteligencia y que descubra a los infiltrados demuestra que es un país que está encaminado a ser de primer mundo y que tiene muy bien definida su misión en defensa y seguridad nacional.
Hay que proteger al sistema de seguridad nacional contra espías, lo cual se logra con la contrainteligencia que corresponde al conjunto de acciones orientadas a prevenir, detectar y neutralizar actividades de servicios extranjeros, grupos o personas que pongan en riesgo, amenacen o atenten contra el ordenamiento constitucional, derechos y libertades de los ciudadanos, soberanía, integridad y seguridad del Estado, estabilidad de sus instituciones y bienestar de la población. Gracias a eso se protegen los derechos humanos, se previenen y combaten amenazas internas o externas contra la vigencia del régimen democrático, constitucional y legal.
Los aparatos de inteligencia de los Estados son una expresión fundamental de la soberanía nacional y la defensa de las instituciones políticas, públicas y nacionales, que deben ser protegidas no solo en lo físico, sino también desde los aspectos no visibles, como un espía que trabaja como doble agente que busca adquirir de manera ilegal información para dársela a delincuentes o corruptos.






