Entre 1977 y 1990, el famoso inversor Peter Lynch fue el gerente del fondo Magellan, perteneciente a la gestora de inversiones Fidelity. Este fondo ha sido catalogado como uno de los mejores de la historia, pues durante dicho período el rendimiento anualizado de este fue de 29 %, un poco más del doble del rendimiento logrado por el índice S&P 500. Debido a su éxito bajo la gestión de Lynch se convirtió en el fondo mutuo más grande de EE. UU. en aquella época.
Para poner en contexto este rendimiento, si desde el inicio de la gestión de Lynch se hubieran invertido US$10,000, 13 años después el inversor hubiera obtenido US$280,000. Lo más llamativo de esta historia no son los retornos logrados, sino algo que suena imposible de creer: según un estudio de la gestora Fidelity, el inversionista promedio del fondo Magellan durante este período no obtuvo este rendimiento ni de cerca, de hecho, obtuvo pérdidas.
De acuerdo con Fidelity, esto se debe a que los inversionistas retiraban sus fondos durante períodos de malos rendimientos y volvían a invertir después de períodos de buenos rendimientos.
Por lo tanto, sus decisiones estaban soportadas en emociones y juicios del momento que los llevaron a perder la perspectiva. Los inversores perseguían el mercado, y por otro lado intentaban encontrar el punto más alto para vender y el punto más bajo para comprar, algo conocido como «timing». En palabras de Lynch, los inversionistas han perdido más dinero preparándose para las correcciones o intentando anticiparlas que lo que se ha perdido en las mismas correcciones… es una historia que nos muestra cómo las emociones pueden hacernos pasar muy malos ratos.
Así pues, los mercados suben y bajan con comportamientos erráticos, siempre existirá volatilidad en diferentes magnitudes… pero los inversores no tienen dominio sobre estos movimientos diarios o de muy corto plazo, de hecho, fijarse constantemente en esto puede hacer que se pierda la perspectiva. Por el contrario, los inversores si tiene dominio sobre sus portafolios de inversión, y pensando en el largo plazo, lo mejor sería que ante eventos de volatilidad hagan ajustes pequeños y añadan un poco más de las inversiones que gustan y entienden, y no al contrario: vender todo en pánico y utilizar de nuevo todo el efectivo para comprar en momentos de euforia.
Actualmente, que las bolsas a escala global han generado fuertes ganancias —el índice S&P 500, el cual muestra el comportamiento de las 500 empresas más grandes por capitalización bursátil de Estados Unidos, ha «rebotado» más de 80 % desde su nivel más bajo en marzo de 2020— y se encuentran muy cerca de sus máximos históricos, algunos inversionistas se verán tentados a asumir más riesgo. Sin embargo, lo más prudente sería hacer ajustes pequeños y no cambios extremos en los portafolios, quizá tomar ganancias parcialmente, pero permaneciendo invertido, con portafolios diversificados y con una visión a largo plazo, pues nadie tiene una bola de cristal para saber exactamente cómo se comportarán los mercados en los próximos días, lo que sí sabemos es que la perspectiva de una recuperación sostenible se debe mantener y ante cualquier evento de volatilidad reajustar la estrategia, quizás ahí sí asumiendo un poco más de riesgo, manteniendo la disciplina y el perfil de inversión.






