Una de las apuestas más fuertes de esta administración del Instituto Nacional de los Deportes de El Salvador (Indes) es la inclusión. Podríamos hablar del Programa de Academias Deportivas Inclusivas (Proadi), con el que hemos llegado a los 14 departamentos del país, atendiendo a unos 1,700 menores de edad con discapacidad. Aquí también incluimos el trabajo con padres de familia y voluntarios, visibilizando el deporte para personas con discapacidad, y no solo viéndolo como recreación, sino también proyectando hacia la parte competitiva.
También podríamos hablar del Programa de Actividad Física para el Adulto Mayor Más 60, atendiendo siete departamentos, con más de 800 participantes; adultos mayores de 60 años que ven en la actividad física un modelo de integración social que vincula el desarrollo emocional, físico y personal, mejorando la calidad de vida de estas personas a través del deporte.
Gracias a una alianza Indes-Dirección General de Centros Penales, hemos logrado que Proadi y Más 60 beneficien a más de 35,000 personas privadas de libertad con actividad física, con torneos, festivales y con formaciones deportivas.
Tampoco podemos dejar de lado el apoyo que hemos brindado a las asociaciones deportivas nacionales que trabajan con atletas con discapacidad, incluyendo, por supuesto, a Olimpiadas Especiales y al Comité Paralímpico de El Salvador. Las autoridades de Olimpiadas Especiales El Salvador han dicho en reiteradas ocasiones que nunca habían tenido tanto apoyo como el que tienen ahora, con esta administración del Indes.
Pero eso no es todo. El Programa Esfuerzo y Gloria nos permitió crear una plataforma en donde los atletas de alta competencia con discapacidad tienen acceso a los mismos premios, a las mismas becas, a los mismos viajes, a los mismos incentivos que reciben los atletas convencionales. Y eso aplica tanto para los paratletas con cierto recorrido deportivo como para aquellos con proyección.
Las políticas inclusivas impulsadas por el Indes trascienden fronteras porque estamos impulsando procesos de inclusión deportiva, como el que estamos trabajando desde la presidencia «pro tempore» del Consejo del Istmo Centroamericano de Deporte y Recreación (Codicader), con los Juegos ParaCodicader, con la inclusión de nuevas disciplinas deportivas, promoviendo certificaciones a árbitros y jueces.
En estos días hemos sido testigos de la participación salvadoreña en los Juegos Paralímpicos París 2024. Tres paratletas nuestros, beneficiarios del Programa Esfuerzo y Gloria, brillaron con luz propia en la capital francesa. Mario Sayes ganó un juego en la categoría BC2 de boccia. En esa misma categoría, Rebeca Duarte logró colarse hasta cuartos de final. Y, al final de ese evento, terminó en quinto lugar general, haciéndose acreedora de un diploma paralímpico, igual al que se entrega en Juegos Olímpicos a los que, aunque no subieron al podio, se posicionaron entre los mejores del mundo en su respectiva prueba. Y el tercer paratleta en París fue Hérbert Aceituno, quien logró un cuarto lugar y diploma paralímpico.
Con enorme satisfacción decimos que, al momento de publicar esta columna de opinión, las personas con la beca deportiva más alta en nuestro país son dos paratletas. Dos atletas con discapacidad que han dejado de lado cualquier complejo y le han demostrado al deporte y a la sociedad salvadoreña que los límites se los pone cada uno. Y para ellos no ha habido límites. Y tampoco para nosotros.




