El titular de este artículo es un refrán que se refiere a que nosotros, como personas, casi nunca nos alejamos de nuestros orígenes. También alude a la influencia que en nuestra forma de ser y de pensar ejercen nuestros padres o familiares cercanos.
La frase, aunque no pertenece a nuestra sabiduría popular, tiene mucho sentido, porque incluso aquí, en nuestro campo, cuando vemos una fruta caída, lo que hacemos es observar los árboles cercanos para ver de cuál pudo haberse desprendido, así nos damos cuenta de si podría ser o no un buen fruto.
Lo anterior me hace reflexionar sobre dos hermanos que dicen ser periodistas. Ambos escriben para un diario y una revista del espectro digital cuyos miembros decidieron autoexiliarse en Costa Rica, so pretexto de que aquí no hay libertad de expresión.
Ambos hermanos son reconocidos por ejercer una férrea defensa en favor de los grupos delincuenciales, de los cuales la mayoría de sus miembros está tras las rejas. También se caracterizan porque parte de su trabajo es escribir artículos repletos de mentiras y enviarlos a medios internacionales, todo con la finalidad de crear una mala imagen del país.
Pues resulta que estos dos tipos son sobrinos de quien por años estuvo al mando de los sanguinarios «escuadrones de la muerte», un oscuro personaje a quien se le atribuye la muerte y desaparición de miles de salvadoreños, e incluso el haber ordenado el asesinato de monseñor Romero.
Fue en la mente maquiavélica de ese genocida donde nació la idea de enterrar a sus víctimas en cementerios clandestinos, un método terrible e inhumano mediante el cual se hacía desaparecer a las personas y se dejaba a las familias en una atroz incertidumbre, mismo que también fue utilizado por el FMLN y adoptado luego por los grupos de pandillas.
Se puede decir, por tanto, que la vehemente devoción de sus sobrinos por defender a delincuentes y ver el crimen como algo natural no es casualidad, sino una vergonzosa herencia.
Es de entender, entonces, por qué se ven tan cómodos relacionándose con criminales y por qué hay en ellos esa inclinación a considerar la extorsión y el asesinato como algo normal y hasta necesario.
Tan cercanos son a esas estructuras delincuenciales que uno de ellos hasta se jacta de haber convivido con sus miembros por más de un año para, según él, hacer un estudio etnográfico, aunque aún no está claro qué relación podrían tener el crimen y las pandillas con la etnografía.
Claro que lo que aquí digo sobre estos dos personajes no es la regla ni la generalidad, pues hay quienes son hijos o familiares de criminales y, sin embargo, no han optado por seguir ese camino.
Es importante decir que, por fortuna, la misma frase del titular de este artículo se puede aplicar a los hijos de quienes han llevado una vida intachable, la cual han decidido tomar como ejemplo para así convertirse en ciudadanos ejemplares.
Como tema aparte, aunque siempre relacionado, es de mencionar que los medios en los que laboran los «periodistas» aquí mencionados, y los que mienten y desinforman, han sido señalados de recibir fondos de USAID, un organismo desmontado debido a graves señalamientos que pesan en su contra; entre estos, el financiamiento de entidades opositoras y desestabilizadoras, como las aquí traídas a colación.





