Los atroces crímenes ocurridos en la ciudad de Chalchuapa, en el departamento de Santa Ana, salidos a la luz recientemente y de los que en forma preliminar se responsabiliza, entre otros, a un sujeto tildado de psicópata, han ocupado espacios noticiosos y dado lugar a opiniones de la más diversa índole. Entretanto, es innegable que nuestro sistema de justicia enfrenta un múltiple desafío desde distintos puntos de vista: penal, procesal-penal, penitenciario y criminológico; pero particularmente político-criminal, pues deberá redefinir los fines de la pena, trazados constitucionalmente y, con bastante probabilidad, también el destino de las sanciones penales.
Pero más allá de cualquier discusión dogmática o criminológica, de esas que brillan por su ausencia en las aulas universitarias, posiblemente debido a la escolarización de la que ha sido objeto la educación superior en los últimos años, está la función que en toda sociedad debe cumplir el sistema penal informal; este, sin recurrir al uso de sanciones punitivas, orientado en una forma adecuada, tiene la capacidad de desarrollar una mejor función preventiva.
Para quien no es penalista es preciso indicar de manera sencilla que el sistema penal informal está integrado por un conjunto de instituciones entre las que destacan la escuela, los medios de comunicación social, la iglesia y todas aquellas organizaciones especializadas en temas de prevención del delito que operan a escala nacional e internacional, forman parte de estas últimas las pertenecientes a la Organización de las Naciones Unidas.
Hasta aquí el lector se podrá hacer válidamente la pregunta de ¿por qué vincular redes sociales más allá de la sociedad de riesgos?
Intentaré responder: la sociedad actual, esto es la sociedad posmoderna, fue definida por el desaparecido sociólogo alemán Ulrich Beck como una sociedad de riesgos, idea ampliamente difundida en el ámbito penal en lo que va del presente siglo, especialmente a partir del trabajo del profesor Jesús María Silva Sánchez «La expansión del Derecho penal». La relación se explica en el sentido que la sociedad actual, dados los avances tecnológicos, está sometida a riesgos que antes no existían.
Uno de los avances tecnológicos indiscutibles de los que derivan riesgos insospechables es el internet, y dentro de este, las denominadas redes sociales. De ahí que los hechos acaecidos en la ciudad de Chalchuapa, que han enlutado a muchas familias salvadoreñas, nos inviten a reflexionar sobre la necesidad de difundir, a través de campañas de prevención, los riesgos que derivan de pertenecer a una red social en la que, por tratarse de una forma de comunicación a distancia, es fácil operar refugiándose en la suplantación y el anonimato, como aparentemente ha sido el caso.
Se debe orientar a los distintos grupos etarios, tomando en cuenta sus distintos niveles de instrucción, dado que no se trata solo de prevenir conductas de acoso, comportamientos extorsivos o fraudes financieros. La ciberdelincuencia abarca muchos rubros que ponen al descubierto las falencias de un sistema de justicia que ha demostrado incluso su ineficiencia para el combate de la delincuencia convencional, por lo que más temprano que tarde debe emprenderse un programa de actualización en todos los ámbitos posibles para evitar que nuevos y lamentables hechos ocurran.






