Los empresarios de Santa Rosa de Lima (La Unión), una ciudad caracterizada por su fuerte actividad comercial en el oriente de El Salvador, no olvidan los famosos «viernes negros» que eran instaurados por las pandillas a su antojo, y que infundaban temor y zozobra en la población, quienes evitaban salir ese día, y los negocios desde los pequeños hasta los más grandes percibían una baja considerable en sus compradores y consumidores.
Desde hace un año que el gobierno comenzó a implementar un régimen excepción, los pequeños y grandes comerciantes de esta ciudad aseguran que han percibido una mejoría en el tema de seguridad, lo cual se ve reflejado en el aumento del movimiento comercial, pues las personas han ido perdiendo el temor a ser víctimas de un pandillero que ande por las calles.
«Nosotros como empresarios sí sentimos una mejora enorme, porque hoy nos podemos desplazar por el territorio con nuestros productos, porque en el caso de nosotros teníamos temor de ingresar en algunas zonas donde sí realmente (los pandilleros) sí te paraban como si eran policías y preguntaban ¿para dónde vas? ¿Qué llevas? Y preguntas así que daban temor, porque son gentes que eran delincuentes y nosotros estábamos sometidos», expresó Ernesto Bonilla, empresario del rubro de alimentos, panadería y pastelería.
Los transportistas del oriente del país, fueron de los sectores más golpeados por las pandillas, quienes por años recibieron amenazas, pagaron extorsiones, les ametrallaron las unidades, motoristas y cobradores asesinados, y si lo grupos terroristas se les antojaba también paralizaban la circulación del sector hasta por tres días, y la población debía ingeniárselas para movilizarse.
Pero hoy, los empresarios que durante años fueron agobiados por las extorsiones, confirman que ya no pagan dicha exigencia económica, la cual entregaban semanal o mensual y en ocasiones cuando la pandilla se le ocurría o necesitaban dinero fácil y urgente, no dudaban en llamar a los propietarios de buses y microbuses para exigirles más dinero.
«El régimen de excepción nos ha venido ayudar bastante en el sentido de que nos han quitado la renta (extorsión), y en ese caso estamos bien satisfechos porque sabemos que nos ha venido ayudar bastante. Agradecerle al señor presidente Bukele que nos está ayudando y estamos trabajando con más confianza, porque ya no hay aquella sosobra de que vienen los mareros a pedir la renta», acotó Delis Reyes, empresario de San Miguel.
Durante décadas, las pandillas fueron parte de la cotidianidad de los sectores productivos del país y de toda la población, tal y como sucedió en las fincas cafetaleras de Santiago de María, en Usulután, a donde no ingresaban personas a trabajar y que residieran en territorios donde delinquían pandillas contrarias, porque de lo contrario se arriesgaban a ser asesinados.
Mejora la economía en Usulután
Pero ese panorama de hostilidad ha cambiado, según los productores del grano de oro, lo que para este sector se traduce en un crecimiento en la economía, al igual y como lo han percibido otros sectores que fueron afectados por la estructuras de pandillas.
«Los cortadores de café no tenían libre movilización, y no llegaban a las fincas por temor a los terroristas que tenían aterrorizado a todo el pueblo. Hoy yo platico con ellos y realmente han sentido el cambio», indicó Salvador Duke, cafetalera en Santiago de María.
Las percepciones en las mejoras de seguridad, también ha llevado a que salvadoreños del oriente del país, que por décadas han residido en el exterior, se animen a traer sus capitales y colocar sus inversiones, particularmente en el rubro de turismo, tal y como está ocurriendo en Morazán y la zona costera de La Unión.
Las primeras inversiones en Morazán, y que son motivadas por las mejoras en el clima de seguridad en el país, es la construcción de un hotel, ubicado en la entrada de San Francisco Gotera, con una inversión que ronda los $3 millones. También se está construyendo un mirador de cristal y un parque ecológico en los que se invertirá $1 millon, y recientemente se abrio un complejo turístico en Osicala.
«Lo que nos mueve de regresar a invertir en nuestro país es la visión de desarrollo que tiene el presidente Nayib Bukele. Y gracias al presidente porque tenemos seguridad en todo el país, cuando la cabeza de un país está bien cimentada todo sale bien», expresó Héctor González, uno de los salvadoreños que ha regresado a invertir a su país.
A menor escala, también se percibe la confianza que han generado las medidas de seguridad en el surgimiento de nuevos emprendimientos, y se evidencia en barrios, colonias y municipios que estaban estigmatizados por las pandillas, pero en donde poco a poco han ido surgiendo nuevas ventas de comida y tiendas de productos varios, que en algún momento fueron cerrados, por el acecho de las pandillas y la extorsión.
«Actualmente uno siente y vive en mayor tranquilidad. Nosotros en nuestro cafe-restaurante normalmente cerramos a las 8 de la noche, pero hay días en que son las 10:00 y los jóvenes no se quieren ir. Salen hasta tarde porque sienten mayor tranquilidad para transitar. En otro tiempo no se hubiera visto esa tranquilidad para salir», dice Ana Arely Laínez, emprenderora en Ciudad El Triunfo, Usulután.
Y diversos lugares de oriente, las personas también caminan con más confianza por los pasajes y calles de las colonias, sin importar la hora o el lugar, pues en algún tiempo también habían líneas divisorias de territorios que habían sido impuestas por las pandillas, y si alguien incumplía podía ser asesinado o en el menor de los casos era sometido a una golpiza.







