Es muy común escuchar a la oposición hablar de que el Gobierno se encuentra en «quiebra», que se cierran instituciones o se cesan proyectos debido a la falta de fondos en la administración central. Sin embargo, las decisiones tomadas por el presidente Nayib Bukele no están bajo la lógica de un Gobierno sin fondos, sino que buscan otros objetivos que las mentes cortas de los usuales enemigos del pueblo no llegan a vislumbrar.
El fin de semana, por ejemplo, el presidente Bukele anunció un programa de transferencia de $3 millones anuales para organizaciones ciudadanas dedicadas al bienestar animal, lo que desmiente cualquier argumento de crisis financiera. En el fondo, se reconoce que con ello se puede utilizar de una manera más eficiente los fondos que antes se destinaban, de una u otra forma, a esta tarea. Además, anunció un aumento en el presupuesto en el hospital veterinario que opera el Estado, para garantizar un servicio aún mayor al que ya se brindaba.
Pero eso no es todo. Si se va a un panorama más amplio, el reciente acuerdo concretado con el Fondo Monetario Internacional (FMI) permitirá que el país pueda acceder de forma directa a $1,400 millones de este organismo multilateral. Se trata de una ampliación del financiamiento y no es obligatorio tomar ese dinero para financiar proyectos y obras sociales, sino que sirve como un respaldo y tener una disponibilidad por ese monto. De hecho, también sirve para apalancar otros financiamientos y recursos de otras instituciones multilaterales, por lo que el paquete total puede llegar a los $3,500 millones, fondos que respaldarán muchas obras.
Las inversiones en infraestructura vial para facilitar la llegada a Surf City y Surf City 2 están atrayendo a millares de turistas que buscan las playas salvadoreñas y los demás atractivos naturales, además de disfrutar de la seguridad en todas partes, especialmente en el Centro Histórico, que combina belleza patrimonial y nuevas y modernas edificaciones, como la Biblioteca Nacional de El Salvador (Binaes).
Gracias a este ambiente, más empresas, nacionales y extranjeras, se deciden a invertir en el país. Algunas llegan por primera vez a establecerse. Las que llevan más tiempo y tuvieron que lidiar con la incertidumbre jurídica y la inseguridad alarmante que propiciaron las anteriores administraciones ahora amplían operaciones y expanden sus servicios por toda la república.
Todo este movimiento económico de particulares hace crecer la economía y, con ello, los ingresos del Estado, lo que permite tener un respaldo financiero y disponibilidad para más obras.





