El maestro Michel de Montaigne solía decir: «Lo más importante del mundo es saber pertenecer a uno mismo». Ciertamente es así, pertenecer a uno mismo y no como posesión, sino como claridad consciente. El ser humano ha evolucionado para adaptarse, pero ha confundido la adaptación con la sumisión a los estándares sociales, y eso es limitante para el despertar de la consciencia.
La persona que reconoce quién es como esencia y posibilidad, es fuego puro, no se mide ni se deja medir por halago o por ofensa; es irrelevante lo que recibe, solo es importante lo que da, y no por obligación social o institucional, sino por la necesidad de dar lo que tanto fluye en su interior. Sin duda, para sociedades limitantes, este tipo de ser iluminado es peligroso, por su estado puro.
Empero, los conocedores o estudiosos de la psique humana dirán seguramente que el proceso de despersonalización es un error, que mientras más identidad tenga la persona más segura estará de quién es, y eso es profundamente equivocado; la identidad no es personal, es una construcción de retazos sociales, familiares e institucionales; si acaso, un 10 % es de la persona y su creación interna.
De tal suerte, tal como expresaba el maestro Gustav Jung: «El privilegio de una vida es convertirte en quien realmente eres». Cada circunstancia debe ser aceptada desde la propia esencia, y eso no es identidad; quien es fuego puro, no busca aceptación ni cumplir expectativas; al contrario, solo es y deja ser. Su identidad (su forma) no se convierte en su cárcel, pues la cuida y tiene, pero no se identifica con ella.
Es así como la autenticidad solo puede surgir de la nada, es decir, de dejar de ser algo (ser alguien es cosa tan metida en la mente de la persona por exigencia social), que al final deja de ser realmente el individuo y se convierte en un autómata que solo cumple y dice sí; así no puede surgir la autenticidad, la belleza, la unicidad; nuestras sociedades aclaman a los creadores, pero critican la autenticidad de los creadores.
Por ende, no deje que lo definan y, es más, no se defina tampoco a sí mismo, quite todos esos rótulos y máscaras sociales tan falsas que le han impuesto y se ha autoimpuesto para mantener las apariencias; ¿acaso no está cansado? Suelte y deje de ser un número social más. No siga construyendo mapas (cosa muerta) y mejor construya caminos (cosa viva) que le permitan avanzar en libertad y que otros puedan transitar también por ese sendero.
Por tanto, apreciado lector, no sea un problema más que ya el mundo no puede con tanto peso, conviértase en posibilidad creadora y sanadora de este mundo enfermo; pero para ello debe dejar las cargas pesadas de la seriedad falsa e hipócrita y debe empezar a ser sincero y juguetón que es ligero, y así se convertirá en un misterio maravilloso que no puede ser violentado, engañado o utilizado.
¿Se anima? Pues inicie soltando y empiece a vivir sin esquemas impuestos, le aseguro que pronto estará siendo y haciendo su propio atajo y con ello su eternidad nacerá dentro y fuera de usted. Una obra maestra en vaivén de construcción y deconstrucción continua, permitiendo ser posibilidad real y no un problema más. No se autoderrote siendo el que quieren que sea y edifique desde su propia naturaleza esencial y divina.






