Las políticas de seguridad implementadas por el presidente Nayib Bukele han hecho de El Salvador el país más seguro del hemisferio occidental. Esa situación es totalmente verificable no solo para los ciudadanos salvadoreños, que han percibido una notable mejora en su calidad de vida y las oportunidades económicas derivadas de un clima de tranquilidad, sino también por observadores externos que llegan a conocer el país queriendo constatar la nueva realidad.
Es notable cómo el Centro Histórico de San Salvador se transformó de ser una ciudad fantasma a ser un lugar vibrante, lleno de energía e imán para turistas, tanto nacionales como venidos de fuera de las fronteras patrias.
Lo que una vez estuvo bajo el dominio absoluto de las maras ha sido recuperado por el pueblo, que se ha volcado por sus calles para disfrutar de una exquisita arquitectura y de las nuevas atracciones y negocios que se han instalado en viviendas con una rica historia. Las playas salvadoreñas se han convertido en el epicentro de torneos internacionales, que atraen a millares de turistas.
Es más, ayer la Asociación Internacional de Surf (ISA, por sus siglas en inglés) anunció una histórica alianza hasta 2027 con Surf City, asegurando la realización de seis eventos de competencias internacionales.
El país ha sido sede de certámenes mundiales, como Miss Universo, además de congresos y todo tipo de encuentros internacionales. Los ingresos por turismo están creciendo porque cada vez más personas visitan el país.
Y uno de los grandes atractivos de El Salvador es precisamente su seguridad. La guerra frontal y decidida contra las pandillas permitió enviar a prisión a más de 84,000 integrantes y colaboradores de las maras. Muchos de ellos huyeron del país y otros más se encuentran escondidos dentro del territorio nacional.
Sin embargo, las autoridades los persiguen tanto dentro como fuera de las fronteras nacionales. Todos los días, la Policía Nacional Civil informa sobre pandilleros que han sido detenidos gracias a los patrullajes y las denuncias ciudadanas. También los militares que apoyan en seguridad pública retienen a criminales que luego son entregados a la Policía para que sean procesados.
Y los gobiernos amigos también colaboran devolviendo a los mareros que huyeron hacia sus territorios. Este lunes, por ejemplo, siete pandilleros llegaron procedentes de Estados Unidos. Las autoridades los capturaron y los enviaron al país para que paguen por sus crímenes. El año pasado, Guatemala entregó a 157 mareros para que cumplan sus condenas.






