La llegada de Nayib Bukele en 2019 a la presidencia de la república estaba marcada con un número de 36 homicidios por cada 100,000 habitantes, y solo su llegada y las primeras acciones de represión de este tipo de delitos logró bajar dicha cifra a 19.7 en 2020; 17.6 en 2021; 7.8 en 2022; 2.4 en 2023; 1.9 en 2024, y 1.3 en 2025. Los datos son fríos, pero reales, y la proyección es que la caída de homicidios se reduzca en este 2026 a su mínima expresión.
La reconversión de un país recibido en ruinas, y comenzar a colocar cada pieza en su lugar, representa un enorme desafío para cualquier mandatario; no obstante, el presidente Bukele, de manera valiente y decidida, enfrenta cada reto, cada obstáculo o cada tropiezo, y de manera resiliente lo transforma en algo positivo para la población, tal como ocurrió con la seguridad, que muchos le aconsejaron no hiciera, pues erradicar a las pandillas significaba atentar contra el crecimiento económico del país. Él siguió su camino y no escuchó esas voces, más bien escuchó el clamor de un pueblo que pedía justicia; y es lo que hizo, escuchar a la gente, que es lo que todo funcionario debe hacer, pues la política bien utilizada es servicio, no servirse de los bienes del Estado; y los resultados ahora son evidentes y a la vez contundentes.
En el área económica, ARENA ofreció en sus inicios una teoría del rebalse, pero no explicó quiénes se verían favorecidos, pues la población continuó sin recibir ningún beneficio. El FMLN, con Mauricio Funes y Sánchez Cerén, anunció a los cuatro vientos que venía el cambio y que nacía la esperanza, pero de igual manera no se vieron por ningún lado los índices de crecimiento económico que anunciaron, más bien toparon la tarjeta de crédito del gobierno, hecho que les obligó en 2017 a hacer una solicitud de fondos de pensiones para gasto corriente, y luego, en septiembre de ese mismo año, aprobaron con la anuencia del partido ARENA una reforma integral al sistema de pensiones.
Con el decreto legislativo 787 reformado, pues estaba vigente desde 1996, se incrementó la retención a los trabajadores y disminuyó a su vez la rentabilidad. A su vez, facultaba para que los trabajadores pudiesen retirar hasta el 25 % de sus ahorros, bajo cláusulas especiales; es decir, dieron el dulce a la clase trabajadora para luego incrementar el porcentaje de retención.
La economía en términos generales fue entregada al Gobierno del presidente Bukele en condiciones desfavorables, y poco a poco, ladrillo por ladrillo, viene teniendo un crecimiento sostenido. Según informes gubernamentales y del Fondo Monetario Internacional, el crecimiento económico fue de 4 % del PIB finalizando 2025, y esto se explica a partir de rubros importantes del sector económico, particularmente construcción, turismo, industria textil y las remesas, que a su vez representan un importante soporte a nuestra economía, pues se alcanzó una cifra récord de $10,001 millones, lo que refleja un incremento del 17.9 % respecto a 2024.
Sectores como educación y salud son objeto hoy en día de transformaciones radicales. Como dijo San Romero de América, «hay que cambiar de raíz todo el sistema», y es justo lo que está implementando el actual Gobierno al ir por partes, pues es de todos conocido que las últimas decisiones políticas mueven todo el aparato burocrático del Estado, decisiones trascendentales, pero a su vez necesarias.
Estamos en el punto de no retorno.





