De los casi 40,000 reos registrados por la Dirección General de Centros Penales, 36,869 están inscritos en los programas de rehabilitación, lo que representa un hito en la historia de la administración de cárceles en el país. En las administraciones pasadas de ARENA y del FMLN, las prisiones eran verdaderas universidades del crimen, donde los delincuentes llegaban a especializarse en cómo dañar aún más a la sociedad.
Desde las cárceles se ordenaban asesinatos y extorsiones. Las autoridades que administraban los penales, en concordancia con la tregua que los políticos de ARENA y del FMLN habían pactado con las maras, trataban como reyes a los cabecillas de los grupos terroristas, incluso organizaban fiestas con nudistas, alcohol y drogas para ellos. La corrupción que reinaba les facilitaba el acceso a teléfonos celulares, llamadas desde teléfonos fijos, prostitución y el control de sus pandillas.
De manera paralela, los jefes de las prisiones hacían negocios tanto con las maras, para permitir su accionar, como con el resto de los internos, a quienes vendían de todo en una red de tiendas penitenciarias administrada por una «asociación» dirigida por las mismas autoridades, pero como una empresa privada propia, a la que denominaban Asocambio. De hecho, los exdirectores de Centros Penales de los gobiernos del FMLN, Nelson Rauda y Rodil Hernández, han sido acusados de actos arbitrarios y administración fraudulenta. Extrajeron $3.2 millones de esas tiendas para pagar sueldos, sobresueldos, préstamos personales y hasta bonos.
Ahora la realidad es otra. Los reos que buscan reinsertarse en la sociedad trabajan para resarcir el daño que causaron: limpian playas, reconstruyen las sedes policiales y reparan escuelas. Los vimos esforzándose para acomodar el escenario de Surf City y también en el retiro de escombros del deslizamiento en Nejapa.
Además, hay un mejor y eficiente uso de la infraestructura carcelaria. Se han cerrado tres cárceles debido al daño que causaban a las comunidades aledañas; en su lugar se construirán universidades y centros educativos. En Mariona se construyeron nuevos sectores, porque no se trata de tener más prisiones, sino de concentrar a los reos, pero en condiciones dignas.
En los penales actuales, el Estado ejerce total control. Ya no hay pandillas definiendo sus territorios con grafitis. Hay limpieza y un verdadero entorno para la rehabilitación. «Orden, control y disciplina», resume el director de Centros Penales y viceministro de Justicia «ad honorem», Osiris Luna.






