Luego de 30 años en que los financistas del conflicto armado en El Salvador decidieron informar a las partes que no habría más dinero, y que si querían continuar pagaran los costos; los grupos de poder, los tomadores de decisiones, los que mandaban en ambos lados decidieron nombrar representantes que en esta ocasión tendrían que alcanzar acuerdos negociados y con instrucciones de los que realmente decidían. Por eso al leer, investigar y tener diferentes fuentes es fácil no considerar héroes y heroínas a los rostros visibles que viajaban por el mundo haciendo parecer que todo era imposible y que el país dependería de las capacidades intelectuales y de cursos especializados en negociación, estrategia o inteligencia; nada que ver, recibieron órdenes que debían cumplirse en un plazo fatídico, algunos aspectos de carpintería generaron debates prolongados, pero era porque arriba no querían ceder
En esa negociación nunca estuvieron los temas económicos y sociales que debían beneficiar a la población, a los más necesitados, transformar el modelo económico del país, de igual manera la renovación y destitución de jueces en el sistema judicial dejaron una de las causas estructurales del conflicto sin modificar.
Luego de seis administraciones del órgano ejecutivo por parte de los representantes de esos mismos grupos de poder real, económico, político, que gobernaron y se alternaron los órganos Judicial y Legislativo, no se alcanzó la paz, no se efectuaron transformaciones profundas. Los negociadores se sintieron satisfechos con espacios políticos y con nuevas instituciones que serían dirigidos por ellos, que tendrían poder y además empleo, y era cuestión de tiempo para hacer la rotación en los tres órganos del Estado y en las autónomas
Algunos de los legados de ese pacto y negociación de los grupos de poder luego de 30 años son los siguientes:
Las pandillas, que en 2022 son verdaderas sociedades criminales, empresas criminales, que lo único que les interesa es hacer más dinero. Y su relación con la escala superior, el crimen organizado que necesita del poder politico.
Violencia homicida: desde 1992 hasta 2021, justo en estos 30 años, se registran al menos 122,000 homicidios de niños, adolescentes, jóvenes, mujeres y hombres en El Salvador, son asesinatos, muertes violentas
Corrupción: una vez en el poder los actores de ambos lados y conocedores del acuerdo de no agresión, de intocables, este les brindó la garantía de la corrupción para saquear las finanzas públicas, hacer negociaciones ilícitas, peculado, partidas secretas, se vendrían los «diezmos» por ganar licitaciones que después subieron al 20 o 30 %, empleo para familiares en primer y segundo grado intercambiando en los tres órganos del Estado, ganar licitaciones con prestanombres, establecer sociedades para administrar privatizaciones y convertirse en proveedores, maletines o bolsas de plástico con dinero, o se fundaban organizaciones sin fines de lucro. Y a nivel de municipios, el Fodes fue un gran negocio para hurtar fondos y mantener activistas de los partidos políticos. Con leyes a su medida, con control en la Corte Suprema de Justicia y en la Fiscalía estaba garantizada la impunidad.





