A lo largo de la historia, los salvadoreños no conocieron qué era vivir en paz. Quizá hubo etapas en la que no había grandes conflictos sociales, pero lo cierto era que una gran parte de la población vivía al margen de todo. Apenas una pequeña élite se beneficiaba de las grandes riquezas del país, y el resto vivía en miseria.
Fue precisamente esa desigualdad la que generó inconformidad y reclamos cada vez más fuertes, hasta que se desencadenó un conflicto armado que provocó decenas de millares de muertes. En lugar de superar el conflicto resolviendo las causas que lo originaron, ARENA y el FMLN dieron origen a un pacto de corruptos por medio del cual estas dos agrupaciones se repartieron el Estado salvadoreño.
ARENA comenzó el saqueo del Estado desde la primera vez que llegó al poder a través de diversos mecanismos, incluyendo el uso de la partida secreta. Con el FMLN, el pillaje de los fondos públicos continuó e incluso creció. Los «gastos reservados», tal fue el nombre que le dieron a la partida secreta, se convirtió en la fuente de riqueza mal habida de los dirigentes farabundistas.
Mientras todo este robo sucedía, la inseguridad creció y las calles de todo el país se llenaron de cadáveres. Hubo más muertos después de los mal llamados «acuerdos de paz» que durante la guerra misma. Las pandillas, que surgieron en los gobiernos de ARENA, se fortalecieron y complejizaron con el FMLN, que llegó a pactar con ellas para esconder sus asesinatos.
El país llegó a ser reconocido por ser la nación más violenta del mundo, con tasas de homicidios superiores a regiones en guerra.
El presidente Nayib Bukele demostró que con valentía y decisión era posible revertir el ciclo de violencia al que ARENA y el FMLN habían condenado a El Salvador. El Plan Control Territorial y el régimen de excepción resultaron ser efectivos para enfrentar a las maras y a su macabro «modus operandi». El Cecot se convirtió en un monumento al combate al terrorismo y a la delincuencia.
Y eso ha hecho que muchos pueblos vean un ejemplo en El Salvador. De que sí es posible tener una mejor vida si se atreven a dejar a un lado a sus políticos corruptos y, en su lugar, eligen a personas honestas y comprometidas con el país. Eso es lo que está en juego este domingo: el regreso a la corrupción, la miseria y la inseguridad o continuar en verdadera paz las transformaciones del país.





