David y Edwin Sorto, de 25 y 30 años, son hijos de padres salvadoreños que este año se convirtieron en propietarios del restaurante Rinconcito Salvadoreño, ubicado en Nueva York, Estados Unidos. Ese lugar, en el que crecieron y que continúa siendo la principal fuente económica de dos generaciones de su familia, está lleno de recuerdos y nuevos proyectos para ayudar a la comunidad en esta ciudad, en el país norteamericano y en El Salvador.
El Rinconcito Salvadoreño se encuentra en la 20 Broad Street, Port Chester, villa ubicada en el condado de Westchester, Nueva York; y ahora la misión de los hermanos Sorto es que «cada platillo típico transporte a los clientes a El Salvador, sin estar en El Salvador».
El restaurante fue remodelado durante la cuarentena por la pandemia y tiene un aspecto cultural con su galería artesanal de artistas salvadoreños en Estados Unidos y con los ejemplares de periódicos en los que el Rinconcito Salvadoreño ha compartido su historia. Su negocio llama la atención de los turistas de Centroamérica y de Sudamérica, al recordar también sus propias culturas, según David Sorto. Pero lo que más satisface a los clientes es el menú con ocho tipos de pupusas, atol de elote, empanadas de plátano, yuca frita y sopas de res, mariscos y pollo.
«Cuando uno le sirve a un cliente que no ha probado la comida salvadoreña y deja el plato vacío, ese es un buen sentimiento, porque en ese plato uno deja la cultura de El Salvador. Son platos sencillos, pero hechos con amor y sabor», dijo Sorto.

Conservar el negocio es una de las prioridades de los hermanos, ya que más que un establecimiento de comida representa el esfuerzo, el sacrificio, la entrega y el servicio a los demás como familia.
Buscando recuperarse de las pérdidas económicas por la pandemia, los hermanos lograron conquistar una nueva demanda en seis supermercados. Las pupusas son su platillo estrella y entregan paquetes de seis unidades a los establecimientos.
Sus padres, Filomena de Sorto y Fabio Sorto, les enseñaron a estar al servicio de la comunidad. Los salvadoreños siempre ayudaron en la construcción de iglesias y otros proyectos en Texistepeque, Santa Ana, y en Santa Rosa de Lima, La Unión, en donde nacieron, respectivamente.
Por esto, sus hijos replican sus acciones con el proyecto Leno, denominado así por su abuelo Magdaleno Bárcenas Flores, quien también le dio vida a un centro escolar con su nombre en Texistepeque, Santa Ana. Para honrar a su pariente, los Sorto se comunicaron con los directivos y acordaron construir la cocina en la institución educativa. También planean mejorar las aulas, el comedor y una cancha de fútbol.


Su anhelo es que los niños salvadoreños tengan mejores oportunidades. «Mis padres ayudaron mucho en la construcción de viviendas. Eso es algo que nos toca el corazón porque es voluntario. Con el negocio buscamos llegar a las comunidades de aquí y de allá», dijo David Sorto. Con esa visión, el proyecto Leno se podría extender hasta La Unión, de donde es originario su padre.
Sus inicios
El negocio familiar fue fundado por dos de sus tíos en 1982, dos años después de que emigraron por el conflicto armado. Con un establecimiento en el barrio Jamaica, en el distrito de Queens, en Nueva York, los mayores lograron reunir en Estados Unidos a siete de sus 16 hermanos, entre ellos, a Filomena de Sorto, quien aprendió sobre este rubro.
Estando en el exterior conoció a su esposo y al formar una nueva familia decidieron independizarse en 1993.
La nueva familia se trasladó hasta Port Chester y continuó con el trabajo que empezaron sus parientes. Fue hasta este año que los progenitores decidieron heredarlo a sus hijos, quienes aunque no nacieron en El Salvador defienden las raíces de sus padres.









