Apenas vio el texto de Nayib, mi amigo de El nido del águila difundió este otro mensaje: «El supuesto apoyo masivo que Bukele tiene en las redes sociales no era más que una burbuja. Según se está viendo en la votación, lo real es el voto duro de ARENA, más de un millón, y del FMLN, casi 800,000. Bukele ya va tercero y está desesperado».
Entre los nayibistas en todo el país no fueron pocos los que dudaron y se preguntaron con amargura si tanto esfuerzo y sacrificio, tantísima ilusión y esperanza, había sido en vano, nada más que una burbuja.
Roy Campos apareció muy poco después. Entró al salón del comando sonriente y radiante, acompañado por Carlos Penna, director de T-Research, que ya había terminado de tabular su propia boca de urna, y parecía tan quitado de la pena como su socio. Alguien se acercó a Roy para comunicarle con cara de circunstancias que la situación estaba muy complicada.
«Esas son pinches mamadas» —le respondió Roy en perfecto y sonoro estilo mexicano.
Antes de reunirse con Nayib, se detuvo unos minutos en la mesa en la que estaban los sombríos amigos y consultores. Ahí tuvo la siguiente conversación con Karim Bukele:
—Hemos hecho dos mediciones en paralelo —dijo el mexicano—, en una de ellas Nayib está extremadamente arriba. Esa la descartamos. La otra nos da una ventaja más moderada, pero coincidente con los promedios de todas las encuestas y los «trakings» anteriores. Entonces la lectura correcta es esta: sea cual sea el nivel de votación hasta ahora, 35 % o 40 %.
—O 20 % —lo interrumpió Karim con ironía.
—Sí —reafirmó Roy.
—O 5 % —insistió Karim con evidente sarcasmo.
—Lo que medimos no es alta o baja participación, sino, de los que ya han votado, cuántos lo han hecho a nuestro favor. Nayib tiene un mínimo de 57 %.
Karim golpeó la mesa con la palma de la mano y replicó escéptico:
—Eso no es posible. Lo que has hecho es un experimento nada más.
—Un experimento de más de 4,600 encuestados. Eso no es cualquier cosa… Y mientras han pasado las horas todos los partidos han ido bajando, incluyéndonos, lo cual quiere decir que los primeros que votaron no eran contra Nayib. La lectura es que de aquí en adelante cualquier otro voto es totalmente favorable. Lo que ahora deberíamos hacer es llamar a salir a votar, pero para ampliar más nuestra ventaja.
—No no —objetó Karim.
—Esto ya está escrito. Mira, los números nos dicen claramente que el FMLN se desplomó por completo.
—Eso sí lo constaté. Fui a los centros de votación y el FMLN no está, no existe, pero apenas estamos en un 40 % de participación.
—No, faltando tres horas de votación, ya iba 45 %. O sea, la participación va a estar arriba del 50 %, y con un triunfo de Nayib en primera vuelta.
—No no.
—¿Apostamos? —concluyó Roy sonriendo. Karim le tendió la mano, pero no sonrió.
Entonces Roy se fue a conversar con Nayib, quien lo escuchó atentamente asintiendo con la cabeza al ver las gráficas que le presentaba.
—Vamos —le dijo Roy—, tienes que descansar un poco y preparar el anuncio de la victoria.
(Fragmento de «La indignación estratégica»).






