La política es un tema muy importante en cada país, porque los funcionarios tienen la responsabilidad de administrar los recursos públicos, que proceden de los impuestos de los ciudadanos. Debido a ello, es muy necesaria una educación política integral, especialmente en un régimen democrático que, de suyo, exige la participación de la ciudadanía. En un régimen democrático, los ciudadanos deben participar en la toma de decisiones no solamente en el día de las elecciones, sino cada día las personas y comunidades tienen que observar y auditar la actuación de los funcionarios que ellas mismas eligieron.
Por eso, en un pequeño y empobrecido país como El Salvador, la ciudadanía necesita una educación política fuerte, clara y constante, porque hay en nuestro país mucha y prolongada corrupción e impunidad en la administración pública: millones de dólares son sustraídos anualmente por funcionarios corruptos, en buena medida, debido a la poca participación ciudadana.
Es muy importante que la ciudadanía entienda que todos somos contribuyentes de impuestos y que los funcionarios por quienes votamos deben devolver esos impuestos en obras y proyectos que favorezcan el mejoramiento de las condiciones de vida de las familias y las comunidades. En este sentido, lo que los funcionarios hacen al administrar no representa ninguna ayuda o donación, sino la devolución de recursos en obras a los contribuyentes. De hecho, el salario de los funcionarios, desde las alcaldías, los ministerios, la Asamblea Legislativa, los juzgados y la Corte Suprema de Justicia hasta el presidente de la república, proviene de los impuestos de los ciudadanos contribuyentes.
Ahora bien, una educación política, para ser fuerte, necesita suficiente formación e información, conocimientos importantes sobre filosofía política, antropología, historia y varias ciencias políticas más. Una educación política, para ser clara, necesita suficiente conocimiento acerca de las leyes e instituciones en un régimen democrático. Para ser constante, la educación política tiene que ser organizada en un proceso, con metas y pasos definidos.
Todas estas cosas harán que la educación política sea integral, de modo que contribuya al desarrollo humano de las personas.
La tarea de educar políticamente a la población es responsabilidad del mismo Estado, pues con ello estaría garantizando su propia permanencia, calidad y fortaleza. Por medio de los programas nacionales de educación, programas de alfabetización, campañas de formación de ciudadanía responsable, el Estado generaría la participación consciente y responsable de la ciudadanía en la toma de decisiones, la contraloría social, entre otros beneficios, garantizando así su propia estabilidad y salud estatal.
Sin embargo, cuando el aparato estatal no es consciente de la necesidad e importancia de tal educación, la sociedad misma, a través de diversas instancias, debe generar los espacios y procesos para establecer la educación política necesaria, para garantizar la salud y consolidación del régimen democrático que tanto anhelamos.
Por todo lo anterior, existen algunas organizaciones que trabajan en las comunidades, en el territorio nacional, promoviendo la participación ciudadana, la organización comunitaria y la contraloría social.
En este sentido, es muy importante que las instituciones con numerosos miembros apoyen estos procesos, como iglesias, clubes, etc. De hecho, desde los valores de la fe y la enseñanza del Evangelio podemos contribuir para generar procesos de cambio, en la lógica del Reino de Dios anunciado por Jesucristo.





