La oligarquía salvadoreña es de las pocas que en el continente rinden homenaje a un personaje como Cristóbal Colón, nominando con su nombre la moneda del país. El colón ha tenido una vida azarosa porque al ser manejado por los sectores fuertes económicamente y al ser estos dependientes de poderes extranjeros, el colón ha estado siempre a la cola de los movimientos financieros internacionales y ha oscilado en torno de los precios del café y de los movimientos del dólar. Al fin y al cabo, estos oligarcas miran y entienden al mundo con el cerebro y los ojos de los estadounidenses.
Este largo proceso culminó a finales de 2000, cuando fue aprobada la Ley de Integración Monetaria, mediante la cual el dólar fue convertido en la única moneda circulante, aunque el colón siguió y sigue siendo la moneda del Estado, pero con la que no se puede comprar ni un tan solo frijol. Esta decisión fue impuesta de la noche a la mañana, y de un día para otro, el pueblo se encontró con que sus colones no valían nada, con que sus salarios serían pagados en colones, pero todo lo que se compraba tenía que ser pagado en dólares. La dolarización fue una puñalada en el corazón de la gente que vio saltar el costo de su vida y hundirse en el fango su nivel y su calidad de vida.
El Gobierno de la época no explicó nada, nadie se refirió a las razones de la medida, ni si existían o no otros caminos posibles. Así pasaron más de 20 años, durante los cuales el neoliberalismo se afianzó del control de la economía, el poder político y la ideología de la misma población. A estas alturas resulta hasta normal la verdad de que todo en el país tiene precio, que todo se compra y se vende, que todo es mercancía y que nada tiene valor. Estos, que son los postulados neoliberales, sitúan al mercado como el rey y la reina de la vida social y ubican al Estado como el primer siervo de este mercado omnipotente. La dolarización fue la viga estratégica para el montaje desbocado, como caballo suelto en la llanura, del neoliberalismo. Nuestro país fue el laboratorio ideal para aplicar sin límites ni reservas todas las recetas neoliberales.
Los partidos políticos, las empresas locales e internacionales, la oligarquía local y la externa respaldaron con entusiasmo el reinado del dólar en nuestro pequeño y empobrecido país, así como el empobrecimiento de sectores populares y de capas medias que esta política acarreó. Ignoraron el aparecimiento de las pandillas como fruto neoliberal. Se guardó silencio ante el papel del país como escenario adecuado para el lavado de dólares porque ya no era necesario convertir los colones a dólares. En esos años se decía «en El Salvador se lavan y en Panamá se planchan».
Durante más de 20 años han ocurrido muchas cosas en el planeta, Occidente, con Estados Unidos a la cabeza, aparece perdiendo terreno en lo político, militar y económico. En la actualidad es la visión multicentrista la que se abre paso, y aparecen otros centros diferentes a Washington dirigiendo los mercados internacionales y estableciendo otras líneas para el comercio internacional. Otras fuerzas, regiones y países financian, ejecutan y dirigen proyectos económicos y mercantiles en diferentes partes del planeta. Y el dólar, esa moneda que con maña se alzó de la segunda guerra europea como la moneda de reserva planetaria, y la única usada en el comercio internacional, esa poderosa moneda aparece con rivales externos e internos que disputan con éxito grandes territorios e influencia, tal como ocurre con el yuan o el rublo. Las materias primas ya no son controladas unilateralmente por la Casa Blanca. Europa, que ha carecido de política propia y ha seguido las directrices estadounidenses en todas las líneas fundamentales, está hablando de entablar con Rusia nuevos entendimientos y acuerdos que dejan afuera de la mesa a Washington y, por si esto fuera poco, desde el interior de las mismas vísceras de los corredores oscuros del dólar aparece el fenómeno de las monedas encriptadas, de lo cual hablaremos en el próximo artículo.






