El Centro Penitenciario Preventivo y de Cumplimiento de Penas La Esperanza, conocido como Mariona, tiene una reconocida historia. En este lugar se albergan personas privadas de libertad, cumpliendo penas o en calidad de procesados. Fue fundado en 1887 cerca del actual parque Barrios, cambió de localidad en 1965 cuando fue destruido por un terremoto y fue reubicado en el cantón San Luis Mariona, en Ayutuxtepeque, hasta 1972. En este centro penitenciario se albergaron, a mediados de los noventa, los primeros pandilleros deportados del sur de California, y posteriormente surgió dentro del penal la banda carcelaria de civiles denominada la Raza, debido al descuido de las autoridades de esa época.
Iniciado el siglo XXI, ante el desamparo y abandono por parte de los gobiernos de turno, se cometieron escenarios de violencia al interior de las cárceles salvadoreñas; para citar algunos ejemplos, se recuerda que, en la madrugada del 16 de diciembre de 2002, la PNC, en el marco de la operación Mariona Seguro, pretendía buscar drogas en el presidio. Cuando agentes antidrogas, con ayuda de un perro, registraban las celdas, fueron atacados y asesinados por los privados de libertad con objetos contundentes y armas hechizas. Otro hecho brutal se dio el 18 de agosto de 2004, que dejó como resultado un saldo de 32 muertos y 20 heridos. Ha sido la mayor masacre en los centros penitenciarios en El Salvador.
Continuando con el abandono estatal que se vivía a principios del siglo XXI, en enero de 2007, en Apanteos, ocurrió la masacre de 21 personas privadas de libertad. Mientras que, en agosto de 2015, en el Centro Penitenciario de Quezaltepeque, 14 personas privadas de libertad pertenecientes a la pandilla 18 revolucionarios fueron asesinadas por pugnas entre ellos.
En cambio, hoy, en 2022, la administración de los centros penitenciarios, por medio del Plan Control Territorial y la administración del presidente Bukele, muestra estampas antes impensables, pues mediante los diferentes proyectos de reinserción social las personas privadas de libertad están en programas en los que reciben clases de cocina, talleres, centro escolar e incluso la universidad en línea gracias al Plan Cero Ocio. Asimismo, el centro penal La Esperanza está pasando de ser la cárcel de la desgracia y el abandono, como los gobiernos del pasado lo permitieron, a convertirse en el ejemplo de un sistema penitenciario, en el que verdaderamente se da un tratamiento para la reinserción y la rehabilitación, con un trabajo conforme a la Ley de Centros Penales y a la Constitución, pues el control territorial no solo se da en las calles, sino dentro de los centros penitenciarios que por años fueron universidades del crimen y cuarteles donde los cabecillas campaban y planeaban a sus anchas desangrar y aterrorizar a la población salvadoreña.
Actualmente, el modelo aplicable en La Esperanza está fundamentado en Seguridad Dinámica, la cual permite que el personal penitenciario tome medidas preventivas para evitar que se produzcan acciones de riesgo y descontrol y lograr una mejor convivencia. Una verdadera administración de los centros penales contribuye a que exista orden, control y disciplina, lo cual evita que estos centros sean cuarteles al servicio de los grupos delictivos.





