«Si al país le va bien, nos va bien a todos». Esta es una verdad irrefutable, pero también es una frase con la que los opositores fingen que desean que el Gobierno acierte con sus políticas cuando en el fondo buscan y esperan lo contrario. Y es que la hipocresía disfrazada de buenas intenciones ha sido siempre su especialidad.
Pedían tiempo para estudiar las medidas sanitarias, mientras la gente se moría en los hospitales a causa de la pandemia; pedían tiempo para decretar el estado de excepción, mientras decenas se desangraban en las calles al ser víctimas de la delincuencia; se oponían a la ayuda económica y alimentaria para los más necesitados por no aumentar la deuda y fingían que olvidaban (de manera descarada) que ellos la incrementaron con préstamos que fueron a parar a sus bolsillos.
Con los cambios positivos que el país experimenta, la oposición ha escogido el papel menos digno, en el cual espera que el Gobierno se vea mal, procura que la lucha contra las pandillas fracase, que los delincuentes logren su cometido de asesinar a nuestra gente y, quizás, hasta ha confabulado con ellos en cada alza de los homicidios.
Envía a los medios de comunicación un ejército de mercenarios disfrazados de economistas, constitucionalistas y analistas políticos para que desde allí despotriquen contra el Gobierno; hace, además, «lobby» internacional para evitar que las inversiones o algún tipo de ayuda lleguen al país, algo que, para fortuna de todo el pueblo, no consigue por mucho que lo intenta.
Lo triste, para ellos, es que parecen no darse cuenta de que la derrota y el descalabro que sufrieron en las últimas elecciones y la crisis en la que se encuentran ahora es consecuencia de esa torpe manera de ejercer su papel. Quizás el mismo deseo de regresar al poder y la desesperación que provoca no conseguirlo es lo que les entorpece la mente.
Cada vez que esa oposición no acompaña una medida que va en beneficio de la gente es como si pusiera un clavo más en su ataúd, como si caminara un paso más hacia la sepultura. Y es que ahora los políticos buenos, malos o regulares están como no habían estado nunca ante el escrutinio permanente de la población, que es la que al final termina premiándolos o castigándolos según sea su comportamiento.
Es también una realidad innegable que ellos mismos sobrevivieron a la pandemia gracias a las medidas oportunas que implementó el Gobierno. Por supuesto que el beneficio quizá no consistió en que recibieran paquetes alimenticios, pues esos eran para la gente más necesitada. Sin embargo, como parte de la sociedad, se beneficiaron del resto de iniciativas económicas y sanitarias que se pusieron en práctica. No obstante, a pesar de no haber sucumbido a la enfermedad y a otros de sus efectos, ahora no aceptan que todo eso haya sido efectivo y, menos aún, que ellos se hayan beneficiado.
Lo rescatable, pese a la reiterada negación de lo bueno que se hace, es que se está gobernando para todos, incluso para esa terca y poco inteligente oposición que lo único que parece tener claro es que si quiere regresar al poder solo lo logrará sobre la base de los errores que este Gobierno pudiera cometer, no de los aciertos.





