En la ciudad precolombina Chalchuapa, en Santa Ana, un centenar de feligreses católicos con mucho fervor volvieron a vivir la tradicional lavada de la ropa de Jesús, que se acostumbra a hacer el Lunes Santo.
La procesión partió de la Cofradía de la Hermandad de Jesús Nazareno, ubicada 700 metros a un costado de la iglesia Santiago Apóstol. El recorrido consiste en llevar más de 25 túnicas en bateas de madera cargadas por hombres hasta el balneario El Trapiche para ser lavadas como una representación de la purificación de pecados.

«Este es un signo de purificación, es un momento para, en medio de la Semana Santa, recordar que estamos necesitados de limpiarnos, de lavarnos, sobre todo con los vestidos del Señor. Revestirnos de Cristo es revestirnos de su gracia, pero para eso siempre hace falta purificarnos», expresó el vicario de la parroquia Santiago Apóstol, Dilson Salinas.
En esta tradición de más de 100 años, al llegar al balneario las ropas de Jesús fueron entregadas por cada uno de los hombres a 12 mujeres, en alusión a los 12 apóstoles que tenían la misión de predicar la vida, muerte y resurrección de Jesucristo.
Las mujeres lavaron cada vestimenta sobre rocas de gran tamaño y luego la sumergieron en el caudal de agua natural que posee ese balneario para después trasladarlas a los tendederos del mismo recinto.

«Es una tradición familiar. Yo he andado acá desde pequeña, pero ser parte de las lavanderas lo hago desde hace 10 años. Lo hacemos por fe, esa que nuestra familia nos ha inculcado. Mi bisabuela es la encargada de este grupo», relató Edith Orellana, una de las feligresas que forman parte de las 12 mujeres que lavaron la ropa.
El líder religioso que presidió el recorrido de esta procesión agregó que este es un acto de fe para todos los católicos que participan desde diferentes municipios del occidente del país.
Al finalizar el día, con estas prendas parten hacia la parroquia Santiago Apóstol en una manifestación religiosa conocida como la procesión de las ánimas, donde hay un reencuentro con Jesús con la ropa ya lavada y seca. En total son 40 vestimentas las que pasan por las aguas.
«Yo tenía 10 años cuando empecé a venir con mi mamá y voy a dejar de venir hasta que me muera. Es decir que ya llevo más de 50 años. Siento que las piscinas son mías. Me quedo hasta la procesión», expresó Ana María Sandoval, una persona de la tercera edad que llegó desde el municipio aledaño de El Refugio para vivir la tradición.
El Trapiche es un destino turístico donde hubo asentamientos mayas y actualmente han aprovechado el nacimiento de agua para crear piscinas para cientos de chalchuapanecos.
La abundante agua en el lugar también ha facilitado la construcción de lavaderos públicos para uso común de los lugareños.







